El Pato Franzoni está a punto de lograr el título de la C como técnico del Carcelero; recordó su época de jugador y dice que el fútbol de ascenso tiene valores. En su carrera convirtió 296 ¿Cuánto valdría hoy?
Los casi cuarenta años como protagonista del Mundo del Ascenso, sus 296 goles, los seis títulos que consiguió como futbolista y los dos que ya tiene desde que es entrenador, sirven como carta de presentación. Jorge Franzoni, el Pato para todo el ascenso, está a punto de sumar una nueva estrella a su currículum dirigiendo a un General Lamadrid que está a punto de pegar el salto a la “B”, pero en esta sección quisimos repasar con él su historia, sus experiencias y también sus anécdotas. “Lo mío arrancó como un caso raro. Yo jugaba al fútbol como cualquier chico de barrio y un día el almacenero de la esquina de mi casa en Palermo me invitó a jugar un torneo. Me pagaban unos mangos, acepté y como había muchos gordos, marqué la diferencia jugando de delantero. Al poco tiempo, el mismo hombre me llevó a Español donde tenía algunos conocidos y después de la primera prueba, me ficharon. Hasta ese momento yo era vendedor de una distribuidora de repuestos y estaba bien, pero como se entrenaba solamente tres veces por semana, me enganché con el fútbol, debuté en el ‘73 en un partido en el que hice dos goles y no paré más”, nos contó el Pato.
-¿Qué tiene de especial el fútbol de ascenso?
El fútbol de ascenso tiene valores, que si bien no digo que no los tengan en primera, están emparentados con el sacrificio, mucho pulmón, dedicación y no siempre se está bien remunerado. Yo tengo toda una vida en el ascenso y puedo hablar con propiedad.
-¿Y qué es lo que más rescatás a la hora de hacer un repaso de tu carrera?
-Las relaciones, las amistades. Yo tengo compañeros de hace treinta años que me vienen a ver y eso no se paga con nada. Al menos, para nosotros los que estamos en esto, es lo más importante.
-¿Sentís que en el ascenso se entrega más de lo que se recibe?
-Lamentablemente, si. A pesar que en estos últimos años esto cambió con la aparición de la televisión. Ahora la gente se interioriza más, los dirigentes y los técnicos de primera vienen a ver los partidos y conocen a los jugadores. En mi época, estoy hablando hasta mediados de la década del ï80, pasábamos tres o cuatro meses sin cobrar y no teníamos chance de salir del ascenso. Te quedabas con los logros y punto.
-¿Te da bronca cuando ves que lo hiciste y que nunca se te presentó la oportunidad de jugar en Primera?
-No, bronca no. Lo tomo como algo del momento. Esto evolucionó para bien y en todo sentido. A uno le tocó estar en otra época, en una etapa en la que también existía una gran diferencia entre un jugador de ascenso y un profesional. Yo, dentro de este ámbito, hice 296 goles y no podía salir de las categorías de abajo. Hoy estaría jugando en alguna liga de Europa porque cuando aparece uno y hace 20, enseguida lo venden.
-Lo que tendrás son un montón de anécdotas...
Muchísimas, miles. Las que yo más recuerdo eran las que tienen que ver con las malas experiencias. Antes el ascenso era tremendo, durísimo. Por ejemplo, me acuerdo que con Español fuimos un día a la cancha de Argentino de Quilmes a jugar por un octogonal y cuando vamos a bajar del micro, vemos que tres personas se llevaban a nuestro técnico, el Viejo Moreno. Nosotros no entendíamos nada y encima al toque entraron al vestuario cuando nos estábamos cambiando y nos cortaron toda la ropa. Obviamente, perdimos 7 a 1.
-¿Ir de visitante era toda una aventura?
-Ufff. Había canchas que eran casi imposibles, que sabías que lo mejor era perder, je. Un día, también con Español, llegamos al portón viejo de la cancha de Chacarita y, de golpe, unos veinte tipos nos empezaron a mover el micro como si fuese una hamaca. Cuando pararon, pusieron una bandera de veinte metros, que rodeaba todo el micro y nos amenazaban con que si la pisábamos nos limpiaban. Se quedaron parados ahí una hora y pudimos bajar a diez minutos del arranque del partido. Todo esto era muy común. Imaginate lo que costaba ser campeón.