De la capacidad económica que, cada individuo o sector social disponga, dependerá de la cantidad y calidad de los bienes y servicios a los que pueda al alcanzar, incluyendo los de primera necesidad, es lo que determinara si es pobre, de clase media o rico; para decirlo en términos muy simplificados.
Pero una parte central de la cantidad y calidad de bienes a los que los ciudadanos puedan acceder, corresponde a si se respetan o no los derechos de los consumidores en el mercado.
En primer lugar, porque el primer derecho que tiene todo consumidor es el 'acceso al consumo', en segundo lugar porque si en la compra o contratación se respetan los derechos, será de mayor beneficio para el contratante y en tercer lugar porque un consumidor informado es un consumidor que tomará mejores decisiones, y señalo esto porque el eje de los derechos del consumidor es el derecho a la información. Todos nosotros tenemos miles de ejemplos de cuanto perdemos cuando no se respeta la ley y se abusa de nosotros como consumidores. Cuanto dinero perdimos en una publicidad engañosa, en una cláusula abusiva, en un electrodoméstico fallado, en intereses desmedidos o en productos o servicios que contratamos y que no nos dieron resultado o satisfacción alguna.
Pero
además del perjuicio que se le causó al consumidor, cuando se vulneraron sus derechos de perjudico también a un empresario que no logró la venta (el competidor del que si lo hizo) y así se consolidan mercados con poco apego a la ley, donde los beneficios se obtienen a partir de engaños al consumidor.
Cuando se respeta la ley y se protegen especialmente los derechos de los consumidores la competencia en el mercado se va a dar por la calidad de los bienes y servicios o por la mejor ecuación de precios.
Con ello se logra mayor eficiencia en los mercados y mejor distribución del ingreso.Por supuesto, un desarrollo integral de los derechos de los consumidores, permite combatir el consumismo irracional que desemboca en una permanente insatisfacción del hombre en búsqueda de mayores consumos que no sólo no le dan ninguna realización sino que pone en jaque el equilibro del planeta, ya sea por agotamiento de los recursos no renovables (combustibles fósiles, minerales, etc.) ya sea por una excesiva generación de basura o también de un consumo de bienes que aún siendo renovables, se renuevan a menor ritmo de los que se consumen, como se da claramente en el uso de los derivados de la madera.
Hay millones de hectárea desmontadas en el mundo que dan cuenta de un uso 'irracional' de los recursos renovables. En definitiva, si todos comprendemos que el consumo es un medio para la satisfacción de las necesidades básicas y accesorias, pero nunca un fin en si mismo que nos vaya a realizar como personas, vamos a constituir un marco determinando en el que podemos darle un verdadero uso. De otro modo seremos de alguna manera 'usados' por el consumo.
Ese pilar que nos aleje del 'consumismo' se corresponde y complementa con conocer y ejercer nuestros derechos. Los estados tienen una responsabilidad central a la hora de hacer cumplir la ley. En nuestra Carta Magna se les impone a los funcionarios la protección a los consumidores. Deben hacerlo, bajo apercibimiento de incumplir sus deberes públicos. Ello corresponde a crear y aplicar mecanismos e instituciones que hagan efectiva la vigencia de los derechos.
Los consumidores tenemos nuestra responsabilidad en informarnos, educarnos y sobre todo reclamar.Hasta aquí, ambos universos estamos en falla; ni el estado actuó con la diligencia y aptitud que hubiera correspondido, ni la sociedad reclamo en los términos adecuados.
A pesar de ello hay muchos avances para destacar en estos dos décadas de vigencia de la ley de defensa del consumidor en nuestro país. Dependerá de nuestra inteligencia colectiva hasta donde podamos llegar, por lo pronto nadie discute que es un derecho vigente y que es positivo ejercerlo, porque como dijera J.F. Kennedy hace ya 53 años en un recordado discurso, los consumidores somos el grupo de interés más numeroso que a pesar de ello no tienen 'representante'.
Dicho por Perón en 1950 o por Kennedy en 1960, los derechos de los consumidores llegaron para quedarse y hoy están de cumpleaños.