Una increíble historia en un paraje santiagueño. Leé el informe especial de MÁS ALLÁ DEL MISTERIO

El Finado Díaz es el nombre que los habitantes de la localidad de El Vinalito, le han dado a un desconocido que está sepultado en las afueras mismas de ese paraje del departamento Copo, en Santiago del Estero, villorio donde fue encontrado hace 39 años, al parecer, luego de haber sido lanzado desde un helicóptero por efectivos militares en el marco de los tristemente célebres 'vuelos de la muerte'.

La singular historia a la que accedió MAS ALLA DEL MISTERIO tiene una derivación increíble: la tumba precaria donde están sepultados los restos de ese NN se convirtió en una suerte de oratorio al que asisten los pobladores del lugar para rezar tanto por el descanso eterno del difunto como para pedirle protección.

La denominación 'Finado Díaz' fue el nombre que se les ocurrió a los vecinos de El Vinalito que un día de febrero de 1976, previo al golpe de estado que implantó pocos días después la dictadura más sanguinaria que recuerde la historia contemporánea argentina, se encontraron en el monte del cual emergen las casas de El Vinalito el cadáver de un hombre joven que, especularon, 'cayó desde arriba (sic)'.

Los memoriosos recuerdan que el aspecto que tenía el cuerpo era, a juzgar por sus ropas, un indigente. Sin embargo, hubo un detalle que les llamó poderosamente la atención: el aspecto de las manos del 'finado' no mostraba marcas o callosidades que revelaran una vida dura.

La apariencia del cuerpo denotaba la de una persona de entre 30 y 40 años, de cabello corto, y que presentaba al momento de ser hallada diversas heridas producto, evaluaron en su momento, de los golpes sufridos contra las ramas de los árboles en la caída.

El concepto que el muerto cayó del cielo no fue para aquellos pobladores una figura mística sino que se basaba en la especulación que el hombre hubiese sido lanzado desde un helicóptero que sobrevoló el lugar, en lo que poco después se iba convertir en una nefasta práctica de la dictadura genocida: los vuelos de la muerte.

Pero por aquellos días, en aquel punto cercano a los límites de las provincias de Salta y Chaco, no había un recuerdo concreto del ruido de motores de algún helicóptero sobrevolando el monte, lo que agrandó aún más la dimensión del misterio en torno al Finado Díaz.

Una frazada sirvió como humilde mortaja para el 'finadito', como también lo llaman, y el hecho que el cementerio más cercano se encontraba por entonces a unos diez kilómetros del lugar, lo enterraron en el mismo lugar donde la abundante presencia de cuervos alertó de la existencia de un cuerpo muerto.

La precaria sepultura fue delimitada con un cuadrado de troncos de los muchos que existen en el lugar donde primero para que el alma del pobre desconocido descansara en paz y después para pedirle favores, empezó a recibir la visita de los pobladores que encendían velas y le rezaban oraciones. Lo que se llama, una veneración popular al difunto.

El caso sigue siendo tema de estudio del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) en procura de determinar si el caso podía vincularse con la desaparición forzada de alguna víctima de la dictadura. Mientras tanto, el alma del desaparecido descansa en paz y abrigada en cariño de la gente del lugar.

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