No hay nada que hacer: el ingenio es un hijo directo de los tiempos
difíciles. El ser humano, cuando se siente ahorcado por la falta de
dinero, pone más que nunca en marcha los mecanismos creativos. Y si no,
que lo diga una mujer estadounidense, que ofrecía “carne”: comestible, y
de la otra.
Eso sí: en este caso, el emprendimiento duró menos que un chocolatín a la salida de un colegio, según consignó el portal 24.com. La “empresaria” en cuestión se llama Catherine Scalia, una “fortachona” y saludable mujer de cuarenta y cinco años, que vive en la ciudad estadounidense de Long Island. Creativa y desenfadada, instaló un camión de comidas al paso sobre la calle Baldwin. ¿Qué vendía? He ahí la cuestión: vendía panchos, hamburguesas y además... un servicio de acompañante exprés... que vendría a ser ella misma.
La crisis económica y una fuerte competencia en el rubro gastronómico en Estados Unidos empujaron a los propietarios de los camiones de alimentos a tomar medidas desesperadas, y también creativas. Y lo que al principio era bueno para ella, al fi nal fue pernicioso: la popularidad que tuvo su “negocio”. Se hizo tan famosa, que la prensa la comenzó a llamar la “hot dog hooker”, o sea “la prostituta de los panchos” (o “perros calientes”, como se los llama en Estados Unidos). Eso hizo que un agente encubierto fuera al camión y comprara dos panchos por cinco dólares.
Acto seguido, Catherine le ofreció los “otros servicios”. Mal negocio: estuvo presa cinco días y obviamente, le clausuraron el comercio. El tema tuvo tal repercusión, que cuando fue liberada la esperaban en la puerta periodistas y fanáticos.
Ella salió sonriendo, aplaudiendo y agarrándose los pechos: “Soy sexy y lo sé. Si Pamela Anderson puede mostrar su delantera, yo también puedo”, gritaba. Ese día, Catherine aseguró que el puesto de panchos de la calle Baldwin seguiría abierto para “hacer negocios”. Sin embargo, tres horas después de su reapertura, la policía lo clausuró alegando que sobre esa calle no está permitida la instalación de comercios.