Eduardo Blanco, que se encuentra co-protagonizando la obra Parque Lezama junto a Luis Brandoni, reflexiona sobre sus temores personales y profesionales, y deja en claro por qué el miedo representa un desafío que vale la pena enfrentar.
l Para usted, ¿qué es el miedo?
l ¿Ese es el único justificativo?
-Sí. De lo contrario, el miedo me paralizaría, me impediría hacer. Siempre que escucho la palabra miedo siento que el aprendizaje pasa por enfrentarlo.
l Desde su perspectiva, ¿es prudente aprender a convivir con los miedos o se lo debe combatir como si fuese el peor enemigo?
-Yo creo que si al miedo no se lo enfrenta se puede convertir en nuestro peor enemigo, pero también creo que el miedo es una fantasía que tiene una enorme potencia y que, en general, cuando uno le hace frente se convierte en una realidad que no era tan grande como lo anunciaba la fantasía. Por lo tanto, disminuye o desaparece.
l También es cierto que, a veces, el inconsciente nos juega malas pasadas
-Y que, además, existen vaivenes emocionales. Es más, es factible que uno vaya a enfrentar al miedo con el deseo inconsciente de no vencerlo, para seguir justificando en esa acción aquellas frustraciones, impedimentos o cosas que no podemos realizar por culpa de ese temor, aunque lo pongamos de excusa en otras cosas.
l ¿Habla de un autoboicot?
-Es muy probable. Es que uno repite hasta que resuelve.l Pero no siempre repite de la misma manera los errores.
-Claro. De todos modos, cuando uno resuelve la cuestión, seguramente, aparece otra cosa y, en definitiva, ese es el aprendizaje. Es imposible resolver sin enfrentar el miedo.
l Ante una situación que le provoca temor, ¿qué actitud toma?
-Si se trata de una situación donde está expuesto el físico, nunca sé qué actitud tomaré hasta que se presente el hecho. Por ejemplo, si me ponen un revolver en la cabeza y me dicen: "Dame todo lo que tenés", quizá intente sacarle el arma al ladrón, inmovilizarlo y llamar a la policía o tal vez decida darle todo lo que tengo y listo.
l ¿Alguna vez se privó de algo por temor?
-Seguramente. A lo mejor, sin darme cuenta o tal vez porque no era el momento de enfrentar las cosas.
l De chico, ¿era miedoso?
-Hubo una época en la que la oscuridad me provocaba temor, pero no recuerdo que mis viejos me permitieran dormir con la luz encendida. De todos modos, tengo la sensación de que hubo un período en que necesitaba ver alguna luz encendida., pero no fue algo que me marcó, al menos, de manera conciente. Ahora bien, si eso tuvo alguna implicancia en mi conflictiva de adulto, es harina de otro costal. Quizá, como hice mucha terapia, hasta lo resolví. De hecho, ahora puedo dormir a oscuras (risas).
l De adulto, ¿sus miedos personales pasaron a un segundo plano?
-Depende, si determino como miedo algo que me inmoviliza o si establezco como miedo los temores típicos y comunes con los que convive cualquier ser humano como, por ejemplo, el miedo a que se enferme un hijo o un padre. Por ejemplo, cuando mi hijo era más chico e iba a bailar o me pedía el auto prestado, tenía miedo.
l ¿Vivía con el corazón en la boca?
-Podía ser que alguna que otra noche estaba inquieto.-No y tampoco inmovilizado. En todo caso, si algo sucedía, no me quedaba pensando, actuaba.
l En lo profesional, ¿padeció pánico escénico?
-No. Lo que siento antes de salir a escena es adrenalina, pero nunca experimenté una sensación que me imposibilite subir al escenario.
l Cuando tenía necesidad de salir a buscar trabajo, ¿cómo se sentía?
-No me gustaba mucho enfrentar a un productor o a un director.-Era lo que más me molestaba. Yo me dedico a esto desde hace 32 años y mi primer casting lo hice en 1998 para la película "El mismo amor, la misma lluvia" de Juan Campanella.