El desafío del actor es que la gente lo acepte en un rol dramático como el que hace en crímenes imposibles. Confiesa que ese es el demonio que hoy enfrenta.

Acaba de cumplir los 30 años y el sueño del pibe se hace realidad para Federico Bal porque en la primera película que actúa, la protagoniza y lo hace de un modo muy diferente al perfil mediático que se le conoce desde 2012, cuando hace debut en la pista de baile más famosa del país (Showmatch). El 31 de octubre se estrena Crímenes Imposibles, justo el Día de Halloween, un thriller psicológico con cuotas de terror y suspenso. Bal con la película vuelve a sus orígenes, el cine.

En la escuela secundaria eligió la orientación de medios audiovisuales y luego eligió estudiar cine, aunque pasó por varias instituciones de estudio (FUC), no terminó ninguna carrera. Arrancó trabajando en el séptimo arte, pero siempre desde la producción y de asistente de dirección. Debutó como meritorio en Papá por un Día (2009), una comedia con Nicolás Cabré con Luisana Lopilato y Gimena Accardi y producción de Carlos Mentasti.

Ansioso, nervioso, expectante y con ganas de dar un giro en su carrera, Federico Bal espera el estreno como "si fuera el primer hijo". No exagera. Y está muerto de miedo y no necesariamente porque sólo amerita la película por su género que ronda entre el suspenso, cuotas de terror, religión con esoterismo. Sobre Bal recae casi todo el peso de la película en su debut en el rol protagónico, el detective Lorenzo Brandoni. Y su miedo, remarca todo el tiempo esta palabra, es si el espectador "acostumbrado a verme como una persona popular, no puede asociar mi nombre al cine con un personaje dramático. Por otra parte, sé que el trabajo del actor es así, y que me vean en sus diferentes facetas es a lo que quiero apuntar en mi carrera".

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En televisión se mueve como un pez en el agua, más cuando se trata del mundo de la farándula, entre los vaivenes de sus novias infartantes y la separación de alto voltaje mediático de sus padres (Carmen Barbieri y Santiago Bal), Federico Bal convirtió el set de televisión e incluso las tablas en una pasarela conocida y, por momentos, escandalosa. Pero el cine lo siente como otro ámbito, no menos profesional. Un lugar distinto y nuevo.

No por casualidad, Bal confiesa que apenas le llegó el guión de Hernán Findling no dudó en pedir ayuda a un maestro de actores: Alejandro Awada: "Yo lo admiro mucho, cada papel que encara lo veo como una clase magistral. Yo me animé a llamarlo por teléfono y lo invité a tomar un café. Yo tengo una muy buena relación con la hija, Naiara” (también mediática como él).

“Le dije que me había llegado un guión y tenía un poco de miedo. Le conté de mi papel, el detective Lorenzo Brandoni y los problemas con su familia. El me preguntó ‘¿por qué tenía miedo? Si cuando vos me contaste el personaje, yo te creí’”.

Awada entonces le dio una definición de cine: “Está todo en los ojos. Tus ojos cuentan el miedo que estás teniendo. Sacáte ese miedo y contame la angustia del detective. Pero contame la angustia con tus ojos. Eso me quedó como bandera al momento de actuar. Si el personaje no me pasaba por los ojos, no me pasaba por el cuerpo y mucho menos en la voz. En una película se nota cuando alguien quiere llorar y hace fuerza o cuando querés emocionar y no logras que nadie derrame una lágrima. Creo que fue un buen laburo de ojos, de miradas, de lo que no se dice. El consejo de Awada fue un gran espaldarazo para tomar confianza en el papel”.

“¿Te animas a desafiar tus demonios? ¿Podrá Lorenzo Brandoni enfrentar a su mas temido demonio? Y vos ¿Podrías enfrentar a tu verdadero demonio?”, son las preguntas con que Fede Bal promociona el film en las redes sociales mientras va tachando los días para el estreno. La asesina no es nadie más ni nadie menos que una monja (Sofía Del Tuffo). La pregunta es clavada y es sobre los demonios que Bal mismo tiene que enfrentar.

“Había una suerte de querer demostrar realidad. Para mí el cine es realidad y al mismo tiempo tiene que ser ficción. Cuando un actor te cuenta algo, lo tenés que creer por más que sea un tipo que vuela por los aires, como Superman y sentirlo verosímil. Con mi personaje Lorenzo Brandoni me pasa que tenía que sentir la realidad al hablarle a la monja Caterina. Es un personaje con mucha carga negativa, con mucha oscuridad, un tipo curtido por la vida y con una familia perdida. Insisto, cuando el guión llegó a mis manos me dio miedo. Mi demonio es ¡ojalá se note real¡. No quiero ser el mejor actor y llorar mucho en escenas importantes, sino mostrar lo que le pasa a un tipo cuando su mundo se derrumba. Leí mucho el guión, lo aprendí mucho de memoria para saber lo que pasaba en cada escena”.

Crímenes Imposibles arranca con la escena del accidente automovilístico en la ruta con su familia. Luego hay un corte en la historia y se vuelca al personaje de Bal como detective y en su oficina tiene que dilucidar un crimen cuya monja delata y afirma que “no soy yo, es mi demonio”. El detective incrédulo primero y luego se adentra en el mundo esotérico e inconsciente.

“En la película hay un poco de esto, de creer en algo. En ningún momento se critica la religión católica. Justamente, todo lo contrario. Hay un mensaje positivo, pero sobre la fe en general. En la película se habla de un golpe de fe”, cuenta Fede Bal. En el inicio del film su personaje queda internado tras el accidente y ahí se cuenta una historia paralela entre realidad y ficción en consonancia con el estado somnolencia, entre el sueño y la vigilia, en un estado de coma que muchas veces Bal, como hijo, vivió las múltiples internaciones de su padre Santiago Bal.

“Lo vivo y lo viví mucho con mi viejo cuando no despertaba del coma. Cuando abren los ojos después de un estado de coma te repiten cosas que han vivido en ese lapso. Hay mucho también de delirio producto de los fármacos, estás en un limbo. Papá una vez se levantó de un coma y empezó a decir que a la noche los médicos se ponían pelucas, vestidos largos y se maquillaban entre ellos. Yo decía ‘¿papá no es verdad?’ y él me contaba, vos porque no estás acá. De noche cambia”. ¿Cuántas películas hablaron del estado entre el dormir y el inconsciente?” Crímenes... es “una película donde las cosas no son lo que parecen, muy espiritual y nada religiosa... ¡o todo lo contrario!”.

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