El actor confiesa que tuvo una mala experiencia y durante un tiempo no quiso volver a actuar. Ahora que disfruta de nuevo de su profesión relata cuánto le costó superar aquel trance y que fue lo que lo provocó.

A firma que supo capitalizar y combatir sus miedos tanto en el plano personal como en lo profesional. Durante varios años estuvo alejado de la actuación a causa de una situación traumática que sufrió sobre el escenario. Hoy, Germán Kraus asegura que gracias a su trabajo como docente recuperó la felicidad que le proporciona salir a escena.

l Para usted, ¿qué es el miedo?

-Es algo que me ha acompañado desde que nací.

l A estas alturas, ¿ya aprendió a convivir con él?

-Por supuesto, y también aprendí a combatirlo y a capitalizarlo. En lo profesional, el miedo tiene ciertos orígenes que son propios del entrenamiento que uno hace. Eric Morris decía que si uno se entrena para ser sensible, permeable y vulnerable, en la medida que debe abrir sus poros y su corazón para recibir las impresiones de la vida que va a trasladar a los personajes, después no debe quejarse de ser ansioso, tímido o temeroso y yo creo que es así.

l Como adulto, ¿cuáles son sus miedos?

-Hoy mi hija tiene treinta años, pero cuando ella era más chica mis miedos se circunscribían a pensar cuál iba a ser su futuro.

l Esos temores, ¿caducaron?

-Los miedos como padre siempre están, pero son distintos. No son los mismos que en la adolescencia y ella salía y no sabía cómo volvía. Esas cosas me angustiaban mucho. En esta etapa, mis miedos tienen que ver con la profesión. No le tengo miedo a la vejez y no le temo a la muerte, pero le tengo miedo a no seguir nutriéndome de lo que amo y necesito, que es mi vocación.

l Puntualmente, ¿a qué se refiere?

-Uno de mis miedos es que el trabajo se ralee. Aunque siempre estoy haciendo y proyectando cosas, mi miedo es no poder seguir trabajando como actor

l ¿Le teme a un impedimento físico?

-No. Les temo a los avatares de la profesión y de la edad. A medida que uno cumple más años las posibilidades entran en un embudo que se va estrechando cada vez más.

l ¿Cómo siente que se adapta a esa alternativa?

-Generando, no esperando que suene el teléfono.

l ¿Es usted de las personas que trabajan para vivir o de los que viven para trabajar?

-Necesito trabajar para vivir, porque no soy un hombre de fortuna y, a la vez, trabajar me hace muy bien.

l ¿Es usted un adicto al trabajo?

-Casi.

l ¿Cómo impacta esta especie de adicción entre sus seres más cercanos?

-En realidad, me han conocido así.

l ¿Y no lo han podido cambiar?

-No. Así soy y así me aceptan.

l Dígame, ¿de chico era miedoso?

-Bastante. Más que miedo, tenía muchos complejos.

l ¿Qué lo acomplejaba?

-De chico, era muy gordito y tenía problemas de vista. Por ende, tenía complejos de la exposición.

l ¿A qué recurrió para superar estos complejos y dedicarse a la actuación transformándose en un actor con una gran exposición pública?

-Dicen que cuando uno tiene ciertas dificultades se desarrolla como una neurosis tipo héroe y uno se expone a riesgos mayores en contraposición a lo que pasa. Por otro lado, el hecho de interpretar personajes, te posibilita expresarte de manera mucho más libre y eso que uno no se tenga que expresar con su verdadera personalidad pero, en definitiva, la personalidad de uno, siempre aparece en los personajes.

l ¿Siente que su vocación lo hizo mejor persona?

-No lo creo. Yo siempre fui igual. No me modificaron ni el éxito, ni el fracaso, ni los tiempos sabáticos.

l ¿Cuántos años hace que trabaja como actor?

-Comencé desde muy chico pero, a nivel profesional, desde 1967. Hace 47 años.

l ¿Sufrió pánico escénico alguna vez?

-Una vez. No estaba muy de acuerdo con el producto. Mi personaje venía corriendo nunca supe si se debió a una hiperventilación o me pesaba tanto el tema del disgusto de lo que estaba haciendo que se me produjo como un desmayo y me caí. Me costó mucho superar ese trance. Al punto que no quise trabajar más porque me generaba mucho estrés. Durante años no me interesó volver a actuar.

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