En un nuevo aniversario, recordamos el film que cambió el tono del cine familiar y lanzó a la fama a Bill Murray en los 80. ¿A quién vas a llamar?

Con la masividad del VHS, el caos estilístico estaba permitido en los ochenta. ¿Quién se resistiría a alquilar esos plagios falopa de Star Wars o El Exorcista (The Exorcist, 1973)? Pero entre todos esos delirios hubo dos realizaciones mainstream que cambiarían la forma de ver cine: Gremlins(1984) e Indiana Jones y el Templo de la Perdición(Indiana Jones and the Temple of Doom, 1984). Ambas fueron cuestionadas en los medios por su “excesiva violencia” y su productor, un tal Steven Spielberg, sugirió que se contemplara la novedosa clasificación PG-13 o PG-14.

Esta "restricción" permitió identificar aquellas producciones que no eran para todo público, pero cuyo contenido estaba lejísimos de ser etiquetado como R. El efecto fue inmediato: subgéneros extravagantes como los que incluían niñeras sexys, nerds en búsqueda de perder la virginidad, cambios de cuerpo y naves espaciales berreta se volvieron habitúes. Y, entre esa ola de producciones fantásticas que coparon las carteleras, Columbia Pictures apostó por un film que reescribió las reglas de juego: Los Cazafantasmas (The Ghostbuster, 1984) de Ivan Reitman.

La primera aventura de estos especialistas en "actividad paranormal" se convirtió en un éxito inesperado que extendió los límites de la comedia norteamericana. No solo le debemos una canción pegadiza, la popularidad de uno de los grandes comediantes de Hollywood o la adhesión a nuestro vocabulario de términos como plano etéreo, actividad telequinética y entidades ectoplasmáticas. Su mayor virtud fue su habilidad para convivir con el ridículo en cada una de sus escenas y su constante incorrección política – además de reescribir el estereotipo del "científico loco" para concebir personajes más cercanos para la audiencia-.

La industria (y sobre todo el llamado "cine shampoo") no hubiese sido la misma sin el equipo compuesto por Bill Murray (Dr. Peter Venkman), Dan Aykroyd (Dr. Raymond Stantz), Harold Ramis (Dr. Egon Spengler) y Ernie Hudson (Winston Zeddemore). El inicio de esa suerte de PYME dedicada a "la ecto-contención" con sus (ilegales) aceleradores nucleares se instaló en la cultura pop. Y su vigencia es incuestionable no solo porque se viene una tercera entrega en 2020. A treinta y cinco años de su estreno, viajar a bordo del Ecto-1 es un viaje imprescindible para los cinéfilos. Comedia, acción, terror y romance, todo en su justa medida.

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