La admiración de Guardiola a Messi se gestó en el campo de entrenamiento del Barcelona. Mientras lo veía practicar, se derretía. Y se asombraba más aún con la capacidad de la "Pulga" para incorporar conceptos.
En cinco frases, sintetizamos el inmenso amor de uno de los técnicos más importantes de la historia hacia uno de los futbolistas más determinantes de todos los tiempos.
Era el principio del 2014. Mario Götze llevaba pocos meses en Bayern Münich y su juego no paraba de evolucionar. Se afianzó como "falso 9", esa posición que Pep Guardiola había inventado para Messi en 2009. Sus características, su gambeta y buen juego, hacían pensar que el español había encontrado a su "Messi alemán". Los periodistas le preguntaron en conferencia de prensa si "Götze podía hacer el trabajo que Messi hacía en su Barcelona".
Guardiola fue rotundo: "Messi es de otro nivel. Juega a otro nivel. Es el mejor jugador de la historia".
Guardiola vino a Buenos Aires en 2013, tiempo después de concluir su etapa en Barcelona. Llegó para dar una charla en el Gran Rex, donde habló, más que nada, de fútbol. Y contó algunas intimidades de su paso por el club catalán. Su vínculo con Messi, por supuesto, fue uno de los focos más importantes.
"Diego Maradona era mi ídolo de la infancia. Pero definitivamente nunca vi a alguien como Messi. Sus padres lo hicieron muy bueno", apuntó.
Ante Bayer Leverkusen, en 2012, Messi había batido un récord: le hizo cinco goles, en lo que fue la goleada 7-0 del Barcelona. Se lo veía imparable: le salía todo, cada vez que pateaba, la metía. Esa noche, después de la actuación histórica, Pep se sentó en la sala de conferencias del club. Miró a los periodistas que, incrédulos, sólo querían hablar del rosarino. Él soltó una frase que lo ilustró perfectamente:
"Hemos visto una de las noches más especiales. Si un día quiere, hará seis. No habrá nadie como él. Yo no lo veré. Cuando apareció Di Stéfano, decían que no había nadie como él; llegó Cryuff y decían que no había nadie como él; llegó Maradona y decían que no había nadie como él. Y llegó Messi: no habrá nadie como él".
Barcelona, en 2012, le había ganado al Granada. No había sido nada del otro mundo, nada fuera de lo común. Messi había hecho un triplete. Lo común, lo de siempre. Sin embargo, Pep estaba sorprendido. No podía creer que ese chico sostuviera ese ritmo feroz durante tantos días seguidos. Al término del partido le dedicó palabras sentidas, de admiración total.
"Es capaz de hacer todo lo que tiene que hacer un futbolista. Lo hace todo y cada tres días. Lo siento por los que intentan ocupar su trono, pero es imposible: este chico es distinto, es mejor. Es como Michael Jordan: cada uno domina su deporte. Se pueden comparar perfectamente".
En la Champions League 2010, Barcelona recibía al Arsenal: habían empatado en Londres y ahora debía cerrar la serie en Camp Nou. El partido empezó mal. En el primer tiempo, los ingleses se pusieron por encima del resultado. Gabriel Milito cuenta que, ese día, mientras volvían a la mitad de cancha después de sufrir el gol, Messi lo miró y les dijo: "Tranquilo, hoy lo gano". Hizo cuatro.
Guardiola sintetizó lo que le generaba entrenarlo en una sola frase: "Algún día les voy a contar a mis nietos que yo entrené a Messi".
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