El incidente sufrido por Matías Fritzler no fue el único en La Fortaleza. Amenazas de muerte y agresiones físicas forman parte de la peor cara del club del sur
Los hinchas de Lanús podrían estar al tope de los más impacientes, por no considerarlos más salvajes, con sus propios jugadores. El caso de Matías Fritzler, que fue golpeado por un socio en la zona mixta de vestuarios después de la derrota del equipo ante Argentinos, no es un suceso aislado ni novedoso en el historial del club.
El uruguayo Claudio Flores era el arquero del primer equipo tras haber cruzado el charco para probar suerte en nuestro fútbol. Todavía las canchas albergaban público visitante y detrás del arco que ocupaba comenzó a escuchar datos que lo impresionaban: hinchas del Grana le anticipaban que secuestrarían a su familia y le ofrecían como garantía de seriedad datos fidedignos de los movimientos de sus hijas y esposa. Rescindió el contrato y volvió a Uruguay a las pocas semanas. Fue en 2003.
Néstor Gorosito desembarcó en el club junto con una serie de jugadores que fueron resistidos y en su mayoría puteados por los hinchas por falta de rendimiento. Pipo no será recordado por poner en Primera a varios de los "chicos" que poco después fueron campeones con Ramón Cabrero, sino por el análisis sociológico de quienes lo hostigaban desde la platea. Cierta vez, lo sorprendió cómo un chico lo insultaba junto a su padre y soltó la histórica tipificación: "De un padre boludo, sale un hijo boludo".
Carlos Bossio fue uno de los que pudo trascender pese al bullying de su propia hinchada. Desde la cabecera local le arrojaron una bomba que explotó cerca y el año en que fue campeón la reprobación a su figura era tan elocuente como el aliento al resto del equipo: Chiquito festejó un gol desafiando a la tribuna. Acaso en 2007, se dio la extraña ambigüedad de un equipo campeón con su arquero hostigado.
Kely Carboni estuvo cerca de que le pasara lo mismo que a Fritzler, pero 18 años atrás. El equipo de Mario Gómez no tenía un buen andar y el clima estaba espeso con el entrenador. A la salida del vestuario, el mediocampista fue el primero en salir y ante la primera pregunta respondió que él era indiferente a los insultos que llegaban desde las tribunas y, justo al terminar de sentar su posición, lo empujaron y replicaron en la cara las puteadas que minutos antes bajaban del paravalanchas...
Los nervios de los hinchas no apuntan únicamente a los propios: la susceptibilidad en La Fortaleza parece exagerada y cualquiera que tenga la osadía de no alabar al equipo o hacer un comentario "fuera de lugar" paga las consecuencias. Si no, pregúntenle al Conejo Tarantini, quien en su intento por ser periodista deportivo en Fútbol Para Todos, fue golpeado por un hincha del Grana.
comentar