Lo cierto es que Ramón Díaz pegó el portazo, sorprendió a todos y la sensación general es que se salió con la suya en la batalla que mantuvo siempre con la dirigencia, con Rodolfo D'Onofrio a la cabeza (nunca lo quiso e hizo malabares para ratificarle públicamente su confianza), y secundado desde la Secretaría Técnica por un Enzo Francescoli con quien tuvo problemas incluso en el River ganador de los '90 (heridas, por cierto, nunca curadas).
La reunión en el primer piso de Udaondo y Figueroa Alcorta duró menos de cinco minutos. Una vez más, como cuando no lo dejó hablar en los festejos del título, el presidente quiso marcar la cancha: "Bueno, Ramón, acá tenemos una lista con 19 jugadores que tienen que volver en junio...".
Lo que nunca imaginó fue la bomba que Ramón le devolvería como respuesta: "Antes que nada, Rodolfo, quiero decir una cosa. Me voy. Ya cumplí con los objetivos, salimos campeones, renuncio".
El diálogo fue revelado por el diario Clarín, que a su vez reproduce el enojo de un miembro de la dirigencia: "Nos dejó en banda cuando el club era una auténtica fiesta. Es un hijo de p...".
El entrenador venía procesando interiormente su decisión y la comunicó en un momento bien elegido, lejos de los micrófonos pero en la cara del presidente. El mismo que lo había retado públicamente por su desubicada dedicatoria a la barra brava, el mismo que se rindió a sus pies tras los dos títulos con los que River cerró el semestre.
Ese mismo sentimiento, acaso teñido por el rencor, fue el que el técnico más ganador de la historia del club exteriorizó ante sus pares en plena euforia por la goleada frente a Quilmes y la vuelta olímpica. "Ahora me adulan, pero me van a tener que chupar la p...", graficó entonces Ramón.
Al margen de los egos, al riojano no le hacía ninguna gracia tener que afrontar cuatro competencias (campeonato local, Copa Sudamericana, Copa Argentina y Supercopa) con un plantel sin grandes incorporaciones. Ayer mismo, antes de que estallara la bomba, Francescoli reconocía que la prioridad era cuidar las finanzas. Como si fuera poco, entre los regresos obligados en junio se contaba el de David Trezeguet, un jugador resistido por el DT.
Ramón se fue sin saludar. El "se fue solo, yo no lo eché" con el que D'Onofrio intentó consolar a un hincha en el playón del Monumental quedó como una frase suelta en el aire. El presidente ya había sido empujado, o tal vez se había metido solo, en el ojo del huracán.
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