Por un lado, el plan de juego parece sólidamente incorporado a los futbolistas, incluso a la hora de modificar el guión por la ausencia de Méndez, por ejemplo, el que había marcado los tiempos en el primera capítulo de la nueva era.
Pero también se advierte una mayor responsabilidad en cuanto a la puesta a punto física. Para ello, el cuerpo técnico prestó especial atención a la alimentación de cada jugador y empezó a corregir los malos hábitos. Los desayunos y almuerzos se llevan a cabo bajo la supervisión de especialistas y los resultados se notan en la respuesta física del equipo y en las figuras de Martín Benítez y, especialmente, de Claudio Aquino, que parece otro jugador comparado con el rollizo que llegó de Godoy Cruz.
También hay que tener en cuenta un mensaje claro, sereno y muy serio del entrenador que logró el compromiso que responde a la credibilidad. Con un cargamento de ideas renovadoras traídas de Europa que evidentemente convencen a los jugadores.
Pero lo que permite apuntalar definitivamente esta mirada positiva es que hasta este momento, Independiente no echó mano a todo su potencial. Porque aún espera la habilitación de sus cuatro refuerzos, porque tiene en la mira el desembarco de un nombre europeo para dar el salto de calidad en ese rubro como el Cebolla Rodríguez, porque desde la semana que viene podrá contar con Mancuello y porque en unas semanas más también recuperará al Torito Diego Rodríguez.
De esta manera, la actualidad de Independiente parece estar parada sobre el terreno más fértil de los últimos tiempos; debe mejorar, es cierto, pero esa tarea la encarará desde un escalón elevado, con la confianza templada y la sangre purificada. Sin dudas, algo cambió.
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