En el juego de recambio que Rodolfo Arruabarrena implementó desde el arranque de este ciclo, hay un futbolista que es imprescindible e insustituible. Nicolás Lodeiro se transformó, desde aquél partido de presentación ante Olimpo en el que le tocó ingresar en el segundo tiempo, en una pieza clave. Y ayer nuevamente, con su actuación y su rol de figura, lo dejó en claro. Hasta se dio el lujo de gritar su primer gol, el único rubro en el que estaba en deuda, con la azul y oro.
Encargado de generar el juego del equipo, a partir de su claridad para manejar el balón, con o sin espacios, pero también por su capacidad de recorrido (entre 13 y 14 kilómetros por partido), el uruguayo que llegó desde Botafogo por un pedido especial del entrenador, es una carta fundamental de este equipo que crece y se fortalece de la mano de los triunfos.
El dueño de la '10', el número que mejor le sienta y que heredó nada menos que de Juan Román Riquelme, marcó en este tercer juego del grupo copero el andar y el ritmo del equipo. Se paró cerca de Fernando Gago, otro que maneja su mismo idioma, y desde ese sector movió los hilos del equipo. Así la jugada del primer gol nació en una pelota que él controló y abrió hacia la izquierda para generar el desborde de Federico Carrizo que siguió con ese derechazo de César Meli que rompió rápidamente con la débil resistencia venezolana.
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