La conquista de la Copa Libertadores se convirtió para xeneizes y millonarios en una prioridad excluyente que termina empujando a un callejón sin salida a técnicos, jugadores y dirigentes que naturalizan la derrota como una tragedia insuperable.

Se les va la vida a Boca y River por la Copa Libertadores. Y ambos, sin dudas, lo asumen convencidos. Como si fuese una medalla o una condecoración simbólica por la que vale la pena entregarse de cuerpo y alma.

Boca padeció y padece sin frenos ni pausas su caída ante River en la final de la Copa Libertadores del año pasado. Y River celebró y celebra esa consagración en Madrid como si fuese (y quizás lo es) el logro más influyente e importante de su historia.

ADEMÁS:

Definiciones sobre los próximos descensos

Conocé el nuevo modelo de la pelota del fútbol argentino

La Copa Libertadores, en definitiva, parece determinar las conductas de Boca y River. Conductas a la hora de armar planteles, de organizar calendarios y pretemporadas, de desafectar jugadores y de comprar jugadores, de declarar frente a la prensa, de trazarse objetivos inmediatos, de postergar o relativizar otras competencias como el campeonato local y de plantearse una realización profesional, o no, en la medida en que conquisten la Copa o que vean frustrados esos sueños.

¿Qué factores les impusieron a Boca y River esta lógica tan lineal y tan básica? Sobre todo, el show descarnado del fútbol argentino. Un show que únicamente reconoce y reivindica a los que se sacan la grande. A los que ganan y dan la vuelta olímpica. A los que festejan.

Este escenario que por supuesto trasciende largamente la comarca deportiva y se pliega al universo ideológico en el que hay que juzgar a alguien por lo que obtuvo y tiene y no por lo realmente vale como sujeto social, se filtró en el fútbol como una verdad revelada que no es tal.

La desesperación no encubierta y si declarada de Boca y River por levantar la Copa los empuja a un nivel de dependencia que desequilibra todas las balanzas. Como si no tuvieran otra opción. Como si nadie se atreviera (ni técnicos, jugadores, dirigentes ni periodistas) a decir que un club no debería subordinarse por completo al frenesí imparable de la Copa siempre tan deseada.

Porque subjecutan todo lo que está por afuera de la Libertadores. Y los hinchas también, de manera excluyente, incorporaron esa ilusión. Podrá comentarse que en Europa los clubes, muchos de ellos reconvertidos en sociedades anónimas con dineros fugados, consideran que fracasan durante la temporada si no logran clasificar para jugar la Champions League. O que les cierra mal el año si no ganan esa competencia, como les sucede, por ejemplo, al Real Madrid o al Barcelona, entre otros.

Pero en la Argentina se superaron todas las marcas con una velocidad notable. No se habla de fracaso si Boca o River quedan por el camino y no abrazan la Copa Libertadores. Se impone la agenda mediática que habla de tragedia. De colapso. De derrumbe. De catástrofe deportiva e institucional. De entrenadores que deberían renunciar. De dirigentes que tendrían que irse por las ventanas. De jugadores que no están a la altura. Y de un estado de situación que por el lado de Boca, resulta insostenible, fruto de sus últimas frustraciones que derivaron en su insufrible presentación ante el TAS para ganar en los escritorios lo que no ganó en la cancha.

Esta percepción trágica de los hechos es un condicionante de enormes dimensiones. Obligados por la lógica contaminada del ambiente del fútbol argentino a tener que ganar la Copa Libertadores, Boca y River transitan una odisea existencial para intenta cumplir con un mandato cultural promovido por el sistema.

Nadie se rebela a esta dictadura que descarga toda su negatividad con aquel que cae vencido. Se interpreta y se naturaliza que perder es una deshonra absoluta y vergonzante. No se admite la derrota. Se la expulsa de cualquier posibilidad deportiva. Porque el que pierde bajo cualquier circunstancia, queda descalificado. Como ocurrió con Boca cuando cayó 3-1 frente a River el 9 de diciembre del año pasado.

La magnitud de este despropósito nadie pretende desactivarla. Y crece sin control, fogoneada por los disvalores que reivindican las sociedades contemporáneas. Elevar a la cumbre al que vence. Y descuartizar en una plaza pública al que pierde. Boca y River lo saben. Y conviven con esos fantasmas, que contradictoriamente se pueden ver y tocar.

Contacto

Registro ISSN - Propiedad Intelectual: 58849696 - Domicilio Legal: Intendente Beguiristain 146 - Sarandí (1872) - Buenos Aires - Argentina Teléfono/Fax: (+5411) 4204-3161/9513 - internet@dpopular.com.ar

Edición Nro. 15739

Dirección

Propietario: Man Press S.A. - Director: Francisco Nicolás Fascetto © 2017 Copyright Diario Popular - Todos los derechos reservados