En el museo del club se exhibe -hasta el 15 de mayo- una muestra impactante impulsada por un grupo de periodistas e investigadores junto al Museo del Holocausto. Para que los hinchas no olviden que hubo un tiempo de horror del que ni la pelota se salvó. Y de que aquello "no fue un juego"...

Los sufrimientos de Bayern Munich y Borussia Dortmund que casi desaparecen en medio del nazismo. El Shalke 04 que no perdía nunca. Un entrenador húngaro-judío, Emérico Hirschl, supercampeón en River, en el puerto de Buenos Aires para que no deporten judíos. Un jugador español, Saturnino Navazo, que acabó en un campo de concentración adoptando un hijo judío. Una estrella austríaca, Sindelar, que se negó a jugar para Alemania en el 38 y terminó mal.

Una liga de fútbol 7 muy organizada que salvó a muchos de la muerte en un campo de concentración de Terezin. Todas estas historias y varias más son parte de la muestra que se encuentra en el Museo de River hasta el 15 de mayo y que pueden recorrerse con asombro, tristeza y, sobre todo, memoria. Porque, como dicen los organizadores, todo aquello no fue un juego.

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Leonardo Albajari, periodista y productor de TV, fue uno de los que tuvo la idea. Empezó a diseñarla junto al Museo del Holocausto de Buenos Aires y se sumaron tres investigadores periodistas: Gustavo Asmus, Guillermo Ibarra y Germán Roitbarg. Hubo una treintena de historias elegidas y finalmente quedaron 11 porque el número es muy simbólico: son las que salen a la cancha.

Precisamente, Roitbarg recorrió la muestra con POPULAR y cuenta: “Esta idea no es sólo una muestra que hable de la persecución de los judíos, porque hay personajes en estas historias que son españoles, socialista, austríacos. Esta muestra habla de la discriminación y de la persecución que aún existe y que puede verse en el fútbol con los africanos o los judíos, por ejemplo, y este tipo de iniciativas ayudan a concientizar. Ojalá pueda recorrer el mundo la muestra porque es itinerante y con historias de todos los países”.

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Son 11 historias y quedaron muchas en el banco de suplentes a la espera de otras muestras. Pero algunas tienen mucha actualidad, como la del Borussia Dortmund y Bayern Munich, que juegan este fin de semana por la Bundesliga. Cada vez que se enfrentan, ambos incluyen en los actos protocolares visitas a los campos de concentración, homenajes y, sobre todo, memoria de aquel asunto que padecieron porque los dos equipos bien pudieron desaparecer durante el periodo del nazismo.

Al Bayern, hoy el equipo más poderoso de Alemania, lo catalogaban de judío y por eso el régimen nazi lo llevó al peor de sus momentos históricos, haciendo renunciar a casi todos sus directivos. En el mismo sitio de persecución estuvo el Borussia, por su tendencia socialista, y el Austria Viena y el Ajax, por judíos. La contracara fue el Shalke 04, que jugaba con la esvástica, saludaba como los nazis y fue el equipo que ganó todo en esa época. Los datos finos de esta historia son muy elocuentes…

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Un paso das en la muestra y están las imágenes del mundial del ‘34 y el del ’38, ambos signados por el fascismo y por un clima de horror en Europa. El fútbol no escapó a esos tiempos oscuros y quizá el nombre más fuerte fue el de Matthias Sindelar, la figura austríaca que se negó a jugar para Alemania tras ser anexada su nación al Tercer Reich.

El “Wunderteam” fue una de las selecciones que dominó las tierras europeas entre el ‘31 y el ‘35 y una de sus figuras era Sindelar. El recorrido es letal y muestra cómo el fútbol, los medios de comunicación y el poder hicieron estragos. El final de Sindelar está contado con detalles y es una de las historias más fuertes de la muestra.

¿Por qué la muestra tiene un anclaje en la Argentina? Podría resumirse en el nombre de Emérico Hirschl, el primer entrenador reconocido en el país en tiempos donde nadie se fijaba quién armaba los equipos. El Mago, como le decían, era húngaro-judío y armó el equipo del Expreso de Gimnasia y la precuela de La Máquina de River, que obtuvo 6 copas e hizo debutar a Moreno y a Pedernera.

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D'Onofrio, presente en la muestra

Hasta ahí es historia conocida. Pero lo que hizo aquel DT cuando en el ‘38 una circular mundial obligaba a muchos países a no dejar entrar judíos y deportarlos fue de una muestra de heroísmo impensado. Aquello le cambió la vida familiar a él y a muchos judíos exiliados que escapaban del Holocausto. Los detalles, otra vez, son impresionantes, porque en el puerto usó su popularidad para el bien.

Otra de las historias cuenta la vida de un jugador muy reconocido en España, Saturnino Novazo, quien a punto de firmar contrato por el Betis decidió pasar a la guerra civil española peleando por los republicanos. Acabó exiliado, y como Franco no lo dejó volver, terminó en un campo de concentración. No era judío, pero era un paria, y como jugaba muy bien al fútbol, se salvó. Sus días terminaron en 1986, a salvo y con un hijo judío adoptado.

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La de Julius Hirsch no tiene final feliz. Fue el primer jugador judío en integrar la selección alemana de fútbol, fue combatiente de ese país en la primera guerra y no pudo evitar Auswitch. La Liga de Terezin, un campo de concentración que sirvió para un campeonato de fútbol 7 del que hay registros estadísticos y fotográficos, es otro de los datos de la muestra que parecen sacados de una historia de ficción.

Asimismo, en la muestra se pueden encontrar acuarelas donadas por el artista Omar Panosetti, camisetas entregadas por el club Macabi de Buenos Aires que reproducen las camisetas del Macabi Varsovia del año ’38, que sufrió el ataque del nazismo y al día de hoy no pudo reconstruir su sede social. También, diversos ilustradores y artistas plásticos como Rica Núñez, Jorge Meijide, Gustavo Nemirovsky, Sergio Langer, Augusto Costanzo y Diego Rodríguez intervinieron pelotas de fútbol sobre la temática. Todo este evento cuenta con el apoyo de las embajadas de Israel, Alemania, Polonia y Austria.

Lo cierto es que la muestra tiene mil detalles que merecen ser vistos, leídos y sentidos en persona. Aquí, en estas líneas, van algunas sensaciones del recorrido que todo amante del fútbol no puede dejar de conocer. En el Museo de River está la historia viva del club y allí mismo, entre tanta gloria, hay un espacio para que la memoria de los tiempos del horror no se pierda y, sobre todo, no se repita. “No fue un juego”, la muestra que se va a quedar hasta el 15 de mayo, es imperdible.

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