Los historiadores podrían adivinar lo que voy a desarrollar leyendo solo el título, pero los historiadores no leen estos portales. Puede que los memoriosos y algunos otros que hayan prestado mucha atención durante las clases de historia de la secundaria también me sigan, aunque lo dudo. Pero si de algo estoy seguro es que el futbolero de pura cepa que me está leyendo, ese que todavía tiene las pulsaciones altas por la noche de anoche, se está preguntando: ¿qué estará intentando decir este tipo?, ¿de qué va la cosa?

La cosa va un poco de esto: muchos de los grandes imperios de la historia tuvieron momentos de auge (por algo fueron grandes) y también de irremediable decadencia.Esta última etapa siempre acarreada de un antecedente que marca el camino de lo que será derrumbe asegurado.

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Napoleón y su Grande Armée o Gran Armada no escapó a esta regla. Pese a qué se suele marcar la batalla de Waterloo como hito histórico, no fue esa la única batalla que perdió Bonaparte. Dos años antes, en el mayor enfrentamiento armado de todas las Guerras Napoleónicas, el genio del arte militar pidió la retirada luego de verse doblegado por las fuerzas de la Sexta Coalición rusa en la Batalla de Leipzig y esa se convirtió en su primera gran derrota.

Con el marco histórico y bélico desarrollado, el paralelismo deportivo se cuenta solito. Boca y River quedaron mano a mano en la definición de la Superliga Argentina. River tenía que ganar en Tucumán para dar la vuelta y Boca no sólo debía recibir al Lobo de Maradona, sino además esperar que los de Gallardo dejarán algún puntito más en el camino. Lo qué pasó está tan fresquito que mejor ni pisar el cemento, quizás lo más apropiado sea ponerle un nombre conmemorativo que identifique la noche, como suele hacerse con todas las batallas épicas. Quién sabe de acá a algunos años si este desenlace a dos canchas pueda ser conocido, para todos los que fueron, como "la noche de los infartos" o tal vez como "las batallas del zapping", para quienes acompañaron desde sus casas en TV.

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Lo cierto, es que lo de anoche no fue Waterloo, no fue el hundimiento definitivo y no fue la extinción del imperio riverplatense todo, pero sí la caída de la primera ficha y todos conocen el efecto dominó.

Salió campeón Boca y la ficha que verdaderamente todavía no cayó en la Ribera es esa: ganó su partido con gol de Carlitos, su máximo ídolo en actividad, y le robó en la última fecha el título al River de Marcelo Gallardo. El desahogo alivió la boca de todos y la Boca toda. Los lectores de estas líneas podrán juzgar, con liviandad, mi clase improvisada de historia, mientras que únicamente el tiempo juzgará si "la noche de los infartos" fue para Gallardo y su poderoso River lo que Leipzig significó para Napoleón y la Gran Armada Bonapartista.

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