Corría un 1974 convulsionado cuando la salud deteriorada del presidente dijo "basta" y marcó a fuego uno de los hechos más importantes en la historia argentina. Las 13.15 fue la hora fatídica.
El nacimiento del diario, por raro designio del destino, estuvo directamente emparentado con uno de los hechos que marcaron la historia argentina. Aquel primero de julio de 1974 del cual hoy se cumplen cuarenta años, la muerte de Juan Domingo Perón conmovía a los argentinos. DIARIO POPULAR ganaba la calle para transformarse en el elegido por miles y miles de argentinos para informarse.

Aquel triste lunes 1º de julio, inserto en un año convulsionado, a las 13.15 producía la noticia del fallecimiento del líder de millones de argentinos. Juan Domingo Perón, fallecía víctima de la aguda dolencia que venía minando su salud desde su retorno definitivo a la Argentina para ejercer el gobierno de un país que se precipitaba hacia una de sus peores crisis políticas.

El deceso tuvo lugar en la Quinta de Olivos y a una hora de producido, su viuda María Estela Martínez de Perón anunciaba por cadena oficial de radiodifusión el final del octogenario general que había sucumbido ante un "brusco agravamiento" de su estado general que derivó en un paro cardíaco.

El presidente de los argentinos ha dado a su Patria y al continente latinoamericano la más grande expresión de grandeza y humanismo cristiano. Entregó su vida en holocausto a la libertad pacífica de los pueblos" expresó la entonces vicepresidente, rodeada del gabinete Ejecutivo nacional, al confirmar la noticia que iba a desatar las lágrimas del pueblo. Según la historia clínica del General, Perón padecía un cáncer de próstata por el que había sido intervenido quirúrgicamente a mediados de los 60 y en los últimos años de su vida se le había detectado una pericarditis que complicaba seriamente su corazón.

Pero esto no era todo: en 1972, previo a su primer retorno al país, a Perón sus médicos le diagnosticaron una angina de pecho que fue lo que más minó la salud del general en el tramo final de su vida, tanto que los profesionales que lo asistían le explicaron que asumir la Presidencia implicaba una situación de serio riesgo. Tal era lo complejo del cuadro que en la Quinta presidencial funcionaba una guardia médica permanente dispuesta a hacer frente a cualquier crisis que padeciera el presidente, a quien los doctores Pedro Cossio y Jorge Taiana le recomendaban limitar al máximo su actividad. Aun con su salud en franco deterioro, Perón viajó a Asunción del Paraguay a entrevistarse con el líder guaraní Adolfo Stroessner, periplo en el cual pasó frío y soportó una persistente llovizna sobre su humanidad que abrieron la puerta de un cuadro gripal que significó el principio del fin.

Una realidad estaba instalada en su entorno: la salud de Perón se apagaba gradualmente y por más que en la última semana de junio del 74 experimentó una mejoría importante, el brusco agravamiento del cuadro general del líder justicialista hizo eclosión el 1º de julio. En el dormitorio de la Quinta presidencial la vida de Perón se extinguía aceleradamente y a las 13.15 el creador de la doctrina justicialista recibía la extremaunción de parte del capellán del Regimiento de Granaderos, padre Héctor Ponzo. Minutos después el corazón del general se detuvo para siempre.

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