La muerte del fiscal Alberto Nisman continúa sembrando dudas, sospechas e hipótesis cuyas pruebas de confirmación están muy lejos. Y parecen alejarse cada vez más. Pero en el Ministerio Público Fiscal empiezan a seguir una línea. Desde altas esferas del ministerio le confirmaron a Diario Popular que empiezan a mirar en la interna de la ex SIDE como posible disparador de la tragedia del fiscal.
Para hablar de los Servicios de Inteligencia, hay que empezar por Antonio Jaime Stiusso. Stiusso era el número 3 de la ex SIDE. Se desempeñaba como Director de Operaciones de la entidad y es un hombre de mucha confianza para la Embajada de Estados Unidos.
Stiusso fue el designado por la SIDE para seguir de cerca el caso AMIA. En 2004, interesado en avanzar en la investigación, Néstor Kirchner creó la Unidad Fiscal de Investigación especial abocada a investigar exclusivamente el atentado ocurrido el 18 de julio de 1994. Puso a Alberto Nisman a cargo de la fiscalía. Y le presentó a Stiusso. Les pidió que trabajaran juntos, que sean un equipo.
Juntos profundizaron la pista que seguía el hombre de la Secretaría de Inteligencia: el Estado iraní. Hicieron buenas migas —el propio Nisman confesó recibir mucha información por parte del hombre de la SI— y mantenían el visto bueno del Poder Ejecutivo. Según contó el periodista Santiago O'Donnell en el artículo "Detrás de Nisman", publicado en su propio blog, el miembro de los servicios lo acercó a la Embajada de Estados Unidos. Los cables de Wikileaks son prueba de eso: en varios mensajes confidenciales demuestran la fluida relación entre la fiscalía, el miembro de la SIDE y la propia Embajada donde, todos juntos, buscaban profundizar el dato sobre Irán.
La buena conexión era tal que, según los mismos archivos clasificados que filtró O'Donnell, Nisman llegó a pasar borradores de presentaciones que realizaría ante el juez de la causa, Rodolfo Canicoba Corral, para que se los corrijan.
Con el tiempo, algo se rompió. Cristina Fernández asumió como presidenta y los pulgares arriba en la investigación, bajaron. Algunas versiones sugieren un mal manejo en el proceso por parte de Stiusso. Por eso "le soltaron la mano": en casi dos décadas de investigación, sólo consiguió pedidos de captura. Nada más.
En 2013, Cristina envió el proyecto de ley al Congreso para armar un Memorándum con Irán. Ahí se bifurcaron los caminos. A la Embajada de Estados Unidos no le gustó el acuerdo entre Estados. Se alejaron en las formas de llevar la causa. Pero Nisman y Stiusso se mantuvieron relacionados con el ente norteamericano. El fiscal levantó desconfianza en el Gobierno. Perdió el crédito que traía de la época de Kirchner.
Así se desató una interna feroz en los Servicios de Inteligencia. La cúpula cambió: ante una supuesta renuncia de Héctor Icazuriaga y Francisco Larcher —nunca quedó claro si se fueron por su cuenta o si el cambio fue una directiva del Ejecutivo—, la presidenta designó como nuevos titulares a Oscar Parrilli, de su extrema confianza y Juan Martín Mena, cercano a Wado de Pedro, referente de La Cámpora.
Esto derivó en la salida de Jaime Stiusso de la Secretaría de Inteligencia. Fuentes oficiales hablan de un supuesto viaje de Stiusso a Estados Unidos tras dimisión. Y ahí Nisman empezó su aparición pública: sus entrevistas constantes y su tono de seguridad para hablar de la denuncia que presentó e involucra a Cristina Fernández, Héctor Timmerman y Andrés Larroque, entre otros.
Diego Lagomarsino, el hombre que le prestó el arma a Nisman horas antes de que apareciera muerto, prestaba servicios para la fiscalía y se investiga si tenía algún contacto con la ex SIDE. Uno de los aspectos que llamó la atención de Fein es el salario sideral, de unos $40.000 mensuales (suma ampliamente superior a la que percibe un secretario de fiscalia, por ejemplo), que cobraba el joven, que sólo asistía en contadas ocasiones a la dependencia.
Cuando la sospecha sobre Lagomarsino llegó a la Casa Rosada, la idea de la "guerrilla interna" dentro de los Servicios de Inteligencia se potenció. Desde el entorno de la presidenta aseguran que "creen que la denuncia que iba a presentar Nisman estaba armada hacía tiempo y, por alguna razón, eligieron este momento para darla a conocer públicamente".
Las dudas en el nexo Stiusso-Nisman despiertan con la aparición en la denuncia de Ramón Allan Bogado y Héctor Yrimia. Ambos figuran en el documento como dos agentes de la ex SIDE. Parrilli, en una carta presentado al juez Ariel Lijo, negó que cumplieran funciones para los servicios. Incluso, Parrilli reveló que habían denunciado a Bogado porque "se presentaba ante funcionarios de la Aduana como agente de la Secretaría".
Cristina Fernández, en la carta que publicó este jueves, no comprende por qué Nisman investigaría a dos agentes que trabajaban para Stiusso que en realidad no tenían relación con los servicios. Con su texto, donde expresa sus dudas sobre la teoría del suicidio, puso en duda el rol de Stiusso en el caso AMIA. De a poco, busca ponerlo en el "ojo del huracán" en la muerte del fiscal.
Las teorías mutan rápidamente. Ninguna de los dos bandos pudieron fortalecer sus hipótesis: jurídicamente todavía no hay certezas. El tiempo, más el aporte de algunos personajes, podrían ayudar a esclarecer la causa. Por ahora, el Gobierno pone la lupa en la SI.