La agresividad, impropia de la especie, es un tema que inquieta a la comunidad de investigadores.

La sensación de emoción de la bióloga Victoria Morris durante un paseo en barco cerca de las costas del estrecho de Gibraltar, entre Marruecos y España, cambió rotundamente luego de un grupo de orcas empezara a atacar su barco, haciéndolo girar 180° y rompiendo su timón, que según comentó la científica, le faltaba el tercio inferior. Por si fuera poco, una importante cantidad de marcas de dientes sobre el casco del bote completaban un panorama terrorífico.

“El ruido era realmente terrible. [Las orcas] embestían la quilla, había un eco horrible. Pensé que podrían volcar el bote, y el ruido ensordecedor mientras se comunicaban silbando entre sí era tan fuerte que teníamos que gritar”, precisó Morris. El sorpresivo suceso terminó una hora y media después, momento en el que pudieron ser socorridos, una vez que los cetáceos depusieron su actitud y siguieron su camino.

Comportamiento impropio

Lo ocurrido no fue una situación normal. La agresividad es impropia de esta especie y de un tiempo a esta parte es un tema que inquieta a la comunidad científica. Sobre ello, la bióloga marina de la Universidad de Sevilla, Rocío Espada, aseguró que es una "locura" pensar que estos cetáceos opten por romper timones y llevar a cabo tan impetuosas acciones.

"Vi a estas orcas crecer desde su infancia, conozco las historias de sus vidas, nunca vi ni oí hablar de ataques", sostuvo quien ha dedicado gran parte de su carrera a observar a la población en el estrecho de Gibraltar.

A pesar de lo expuesto por Espada, el caso de Morris no ha sido el único. Seis días antes, en el mismo lugar, un español también sufrió una embestida de cuatro orcas que sacudieron su yate durante casi una hora y dañaron el timón. También, otras dos personas tuvieron un encuentro similar mientras navegaban y según indicaron “los cetáceos dieron vueltas alrededor de la lancha durante 20 minutos y luego se fueron”, dejándolos completamente asustados.

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Motivo de estudio

Ken Balcomb, del Centro de Investigación de Ballenas, con sede en Washington (EE.UU.), supone que estas muestras de agresividad hacia los humanos podrían estar relacionadas con la pesca e impulsada por las acciones de los pescadores, que además hieren a estos animales con sus redes cuando intentan alimentarse de atunes.

El estrés que pueden estar sufriendo las orcas producto de la contaminación, la falta de alimento y el alto nivel de ruido en su hábitat, también son otros parámetros tenidos en cuenta.

"Las vi [a las orcas] mirar a barcos que transportan pescado. Creo que saben que los humanos están relacionados de alguna manera con la escasez de alimentos", dice Balcomb.

Por otro lado, los especialistas creen que la cuarentena por el coronavirus podría haber influido en los recientes incidentes. La ausencia, durante meses, de pesca, observaciones de ballenas, veleros y transbordadores marítimos redujo el nivel de ruido hasta producir calma y tranquilidad en estos animales. Pero el reinicio de todas esas actividades, y por consiguiente del ruido, les ha provocado enojo y agresividad.

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