Como argentinos, atravesar crisis tras crisis es lo que nos lleva a conformarnos con bastante poco, pero las comunidades deben imaginar su destino y actuar en consecuencia

Como argentinos vivimos hablando del presente (inflación, inseguridad, y otros temas complejos); pero eso hace que no pensemos en la construcción de un país mejor para el futuro. Quizás atravesar crisis tras crisis es lo que nos lleva a conformarnos con bastante poco, sin trabajar como un equipo con una mirada a largo plazo.

Se me ocurre una metáfora médica para hablar de esto que nos pasa como sociedad. Los pacientes con daño en el lóbulo frontal del cerebro tienen lo que se llama “miopía del futuro” en su toma de decisiones, y por ello privilegian la recompensa inmediata aunque esto tenga consecuencias negativas a mediano o largo plazo. Muchas veces nuestro país parece tener esta misma miopía del futuro.

Las comunidades deben imaginar su destino y actuar en consecuencia. Ese futuro que imaginamos y deseamos juntos es el pilar principal de una construcción común. Así como las personas, las sociedades también necesitan un propósito.

¿Cuál es el propósito de la Argentina hoy? Debería ser, al menos, tener la mejor educación pública y salud pública de América Latina. Debería ser erradicar la pobreza en serio y priorizar la inversión en ciencia, innovación y tecnología.

Hoy nuestro país tiene inmensas urgencias y -¡por supuesto!- tenemos que atenderlas, pero, a la vez, concentrarnos en el porvenir. El conocimiento debe ser nuestra obsesión como sociedad. Debemos comprender que en el contexto global actual, el conocimiento es la mejor política económica para el país.

Tenemos que reconocer de una vez por todas que no somos un país rico, sino que somos un país potencialmente rico. Tenemos materias primas. Pero hoy la riqueza de un país es el cerebro de sus ciudadanos, la capacidad de generar valor agregado, la capacidad de producir y aprovechar el conocimiento.

Y para lograr esto, no podemos arrancar de cero cada cuatro años. Los cambios reales y sostenidos en el tiempo no llegan con un gobierno ni con políticas mágicas. Sería iluso pensar que un político nos va a traer soluciones, que la dirigencia va a generar trabajo nuevamente, que va a abrir fábricas. Sería fácil, pero no va a ser así.

No es posible lograr una sociedad desarrollada a partir de una comunidad desorganizada o desconectada. El Estado tiene la responsabilidad de asegurar la equidad, la capacidad para transformar y el potencial para ubicar a la Argentina entre los países más desarrollados del mundo. Pero solo si la sociedad civil se organiza en torno a una propuesta de largo plazo, podremos impulsar las políticas necesarias y garantizar su continuidad.

Nosotros ya lo hemos hecho como sociedad, por ejemplo en los 80, cuando nos unimos para exigir democracia. De la misma forma, hoy todos debemos reclamar la inversión en conocimiento y lograr así un nuevo clima de época. Esta es la mejor manera para lograr el bienestar general.

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