Los países que son potencias en el mundo no invierten en ciencia y tecnología porque les sobra el dinero y el tiempo o les faltan desafíos importantes, lo hacen para ser desarrollados y más igualitarios

En Argentina hay algunos mitos alrededor de la inversión en ciencia. El primero es que hay que ser un país desarrollado y luego, cuando haya “excedente” recién podríamos pensar en invertir en ciencia, tecnología e innovación. La realidad evidencia, más bien, la dirección contraria. Los países que son potencias en el mundo no invierten en ciencia y tecnología porque les sobra el dinero y el tiempo o les faltan desafíos importantes, lo hacen para ser desarrollados y más igualitarios.

El segundo mito es que hoy no contamos con presupuesto para realizar una inversión importante en esas áreas. Es cierto que lo que produce nuestra economía no logra cubrir las necesidades de nuestro país. Pero precisamente el conocimiento nos puede ayudar a superar esta situación, mejorando nuestra productividad y la cantidad y calidad de nuestras exportaciones. Hay expertos que explican que con solo un 1% de la deuda externa que se tomó recientemente alcanzaría para iniciar un proceso de inversión a largo plazo. Y debemos hacerlo precisamente porque la innovación nos va a permitir superar nuestras limitaciones económicas actuales y futuras.

Un tercer mito afirma que el dinero para la inversión en conocimiento debe provenir exclusivamente del Estado. Nuestro sistema científico tiene el potencial para ser cada vez de mayor excelencia, siempre y cuando no se escatimen recursos para fortalecerlo. Además de seguir incrementando la inversión del Estado necesitamos alentar la inversión privada. Y para esto es necesario que se creen las condiciones, regulaciones e incentivos adecuados. Y que los empresarios inviertan.

Para erradicar estos mitos que nos condenan a pensar que en Argentina solo podemos “sobrevivir”, tenemos que ponernos de acuerdo en políticas de largo plazo.

Nadie ignora la situación económica y social que estamos atravesando. Pero tampoco podemos dejar de resaltar -cada vez que podamos- que la inversión en conocimiento contribuye al crecimiento económico y a la vez mejora la calidad de vida de toda la población, no solo ahora si no también para las próximas generaciones.

Las crisis se superan más tarde o más temprano con políticas públicas adecuadas. Pero, para salir de este círculo vicioso, tenemos que pensar (y llevar adelante) estrategias para lograr un verdadero desarrollo. Necesitamos reconciliarnos como sociedad y pelear por el objetivo de una Argentina más próspera e igualitaria para todos.

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