Son investigaciones guiadas por el interés y la curiosidad de la comunidad científica; sus avances pueden cambiar para siempre nuestra vida y la de nuestra sociedad

Si alguien preguntara: “¿qué es mejor para la sociedad: invertir fondos públicos en un mejor tratamiento para la epilepsia o en entender las propiedades biomoleculares de un alga?”, probablemente, la mayoría de las personas no dudaría en contestar lo primero. Entonces, se sorprenderían al saber que la silenciosa investigación sobre un alga llevó al desarrollo de la llamada “optogenética”, una técnica innovadora que abre múltiples posibilidades de investigación y tratamiento de enfermedades neurológicas y psiquiátricas.

Sabemos que el objetivo de la ciencia es obtener conocimiento sobre los distintos fenómenos que ocurren en el universo. Ahora bien, es importante comprender que los métodos y procesos de la ciencia hacen que sus avances no siempre generen resultados que podamos ver en nuestra vida cotidiana, pero eso no los hace menos importantes.

La ciencia básica es aquella que no busca una aplicación práctica inmediata pero nos ayuda a entender el mundo que nos rodea. Son investigaciones guiadas por el interés y la curiosidad de la comunidad científica. Sus avances pueden cambiar para siempre nuestra vida y la de nuestra sociedad.

La ciencia básica es la que posibilitó, por ejemplo, los avances en salud que aumentaron la expectativa de vida y la tecnología que disfrutamos en la actualidad. Porque algunas veces sus descubrimientos sirven para desarrollar tecnologías innovadoras. El teléfono celular, los satélites o los medicamentos no han salido de la mente de un gran inventor aislado. Son el producto de años y años del trabajo de muchísimos científicos que generaron investigaciones que en un principio no tenían un uso práctico. La inversión en ciencia básica es inversión en conocimiento y el conocimiento repercute en toda la sociedad y contribuye al progreso de todos.

Hoy, frente a las crisis económicas, muchos piensan que la investigación científica debe generar ganancias económicas y que la ciencia básica es un “lujo” reservado solo para economías ricas. Muy por el contrario: un país que no invierte en ciencia básica, no podrá lograr desarrollo tecnológico propio y cuanto mucho podrá imitar tecnologías de otros países. Como decía Bernardo Houssay, premio Nobel de Medicina, “no hay ciencia aplicada sin ciencia que aplicar”.

Gracias a la tarea de miles y miles de investigadores, día a día se incrementa nuestro conocimiento acerca del mundo en el que vivimos y de nosotros mismos. Es por ello que debemos ser conscientes de la importancia de contar con políticas que hagan cada vez más fuerte el sistema científico. Sus frutos surgirán con el tiempo, el trabajo y el apoyo de todos. Pero no debe caber la menor duda de que de ello depende nuestro futuro.

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