Romina Atencio es coach y mentora de mujeres y parejas. Para cualquier consulta, comunicarse al correo electrónico [email protected]. Instagram: @diosalmica. YouTube: @rominaatenciocoaching.

Vivimos en una época en la que muchas personas sienten que tienen “todo” y, sin embargo, se sienten vacías. Tienen trabajo, pareja, hijos, casa, responsabilidades, rutinas... pero hay algo que falta. Algo difícil de nombrar. Una sensación de desconexión, de cansancio, de estar sobreviviendo en lugar de vivir de verdad.

Y no hablo sólo de quienes están atravesando una crisis profunda. A veces esa sensación aparece incluso cuando aparentemente todo está bien. Porque una cosa es tener una vida llena de actividades, obligaciones y pendientes, y otra muy distinta es tener una vida con sentido.

Ahí es donde aparece un concepto japonés que en los últimos años comenzó a expandirse por todo el mundo y que puede ayudarnos muchísimo a comprendernos mejor: el Ikigai. La palabra Ikigai podría traducirse como “la razón de ser” o “la razón por la cual vale la pena levantarse cada mañana”. Es decir, aquello que le da sentido a nuestra existencia.

Y no, no tiene que ver con el trabajo, ni con encontrar “la profesión ideal”, ni con volverte millonario haciendo lo que amas. De hecho, en la cultura japonesa el Ikigai se vive de una manera mucho más profunda y espiritual. Tiene que ver con conectar con aquello que nos hace sentir vivos, útiles, plenos y en coherencia con quienes realmente somos.

ADEMÁS: Impactantes postales del planeta: la NASA mostró la Tierra desde Artemis II

Cuando una persona encuentra su Ikigai, algo dentro suyo se acomoda. Comienza a sentirse más liviana, más alineada, más en paz. Y aunque los problemas cotidianos sigan existiendo, cambia la forma de transitarlos. Porque ya no se vive desde la obligación o el piloto automático, sino desde un propósito.

Tal vez por eso muchas investigaciones relacionan el Ikigai con una mejor calidad de vida, menos estrés, más bienestar emocional e incluso una mayor longevidad. Hay quienes dicen que las personas que tienen un propósito claro viven más tiempo. Y sinceramente, yo creo que no se trata sólo de vivir más años, sino de vivirlos mejor.

Porque cuando uno sabe para qué está acá, deja de desperdiciar energía tratando de encajar en lugares donde no pertenece.

Muchas veces creemos que necesitamos cambiar toda nuestra vida para sentirnos mejor. Pensamos que necesitamos mudarnos, separarnos, renunciar, empezar de cero o convertirnos en otra persona. Pero en realidad, muchas veces lo único que necesitamos es volver a escucharnos. El problema es que hace tiempo dejamos de hacerlo.

ikigaiatencio
El Ikigai, escribe la autora, propone un camino para volver a encontrarnos.

El Ikigai, escribe la autora, propone un camino para volver a encontrarnos.

Vivimos ocupados haciendo, resolviendo, produciendo, cumpliendo y corriendo, que dejamos de preguntarnos cosas esenciales. Dejamos de preguntarnos qué queremos, qué nos gusta, qué necesitamos, qué nos hace bien, qué soñábamos cuando éramos chicos, qué nos duele, qué nos apasiona, qué haríamos aunque no nos pagaran por hacerlo. Y en esa desconexión aparece el vacío.

El Ikigai propone un camino para volver a encontrarnos. No es una fórmula mágica ni una receta instantánea. No aparece de un día para el otro. Es más bien un proceso de autoconocimiento profundo. Según este método, hay cuatro grandes áreas que necesitamos explorar para acercarnos a nuestro propósito:

  • Lo que amas.
  • En lo que eres bueno.
  • Lo que el mundo necesita.
  • Por lo que podrían pagarte.

El punto en el que esas cuatro áreas se cruzan es donde aparece tu Ikigai. Parece simple, pero implica mucho trabajo interno. Porque no siempre sabemos qué amamos. No siempre reconocemos nuestros talentos. No siempre nos animamos a admitir qué nos duele del mundo. Y tampoco siempre creemos que aquello que amamos pueda convertirse en algo valioso o monetizable.

Por eso, si quieres empezar a trabajar tu Ikigai, te propongo un ejercicio muy simple, pero muy poderoso. Buscá un cuaderno, una hoja grande o varias hojas. Y dividí el espacio en cuatro partes. En la primera vas a escribir todo lo que amas. Y cuando digo todo, es todo.

No te limites. No pensés si “sirve” o no sirve. No te preguntés si es importante, útil o rentable. Sólo escribí.

Tal vez amas tomar mate al sol. Tal vez amas escuchar música. Tal vez amas bailar, viajar, cocinar, escribir, leer, decorar espacios, acompañar personas, hablar de espiritualidad, sacar fotos, estar con animales, caminar descalza, nadar, diseñar ropa, cuidar plantas, mirar películas, ayudar, organizar, enseñar, hacer deporte, estudiar, aprender.

No filtres. Porque a veces creemos que nuestro propósito tiene que ser algo enorme, grandioso o extraordinario, y en realidad puede estar escondido en las pequeñas cosas que nos hacen sentir vivos.

La segunda lista tiene que ver con aquello en lo que eres bueno. Y acá quiero invitarte a que no te quedés solamente con lo que tú crees de ti. Muchas veces somos muy críticos con nosotros mismos. Minimizar nuestros talentos es algo muy común. Hay personas que creen que no son buenas para nada, simplemente porque aquello que hacen con facilidad les parece “normal”. Pero que algo te salga natural no significa que no tenga valor.

Además de hacer tu propia lista, podés preguntarle a personas de confianza qué creen que haces bien. Qué valoran de ti. Qué sienten que aportas. Qué creen que te sale fácil.

Tal vez eres buena escuchando. Tal vez eres muy creativa. Tal vez organizas muy bien. Tal vez tienes facilidad para enseñar, para vender, para acompañar, para escribir, para resolver conflictos, para conectar personas, para comunicar, para decorar, para cocinar, para liderar. A veces los demás ven en nosotros talentos que nosotros todavía no logramos reconocer.

ADEMÁS: Hoy es Sábado Santo, día de la espera de la Resurrección de Jesús

La tercera área tiene que ver con lo que el mundo necesita. Y esta parte me parece profundamente transformadora, porque conecta directamente con nuestros valores. Pregúntate: ¿Qué siento que hace falta en el mundo? ¿Qué me da tristeza? ¿Qué me da rabia? ¿Qué me gustaría cambiar? ¿Qué me gustaría que existiera más?

Tal vez sientes que hacen falta más espacios de escucha. Más amor. Más conciencia. Más empatía. Más educación emocional. Más naturaleza. Más conexión. Más humanidad. Más arte. Más honestidad. Más salud. Más contención. Más espiritualidad.

Todo aquello que te conmueve, que te moviliza o que te duele, muchas veces tiene que ver con tu misión. Porque solemos venir a transformar justamente aquello que más nos atravesó.

Y por último está aquello por lo que el mundo pagaría. Esta parte suele generar bastante ruido, porque muchas personas sienten culpa al pensar en dinero. Como si monetizar aquello que aman le quitara pureza o valor. Pero no hay nada de malo en ganar dinero haciendo algo que te hace bien y que también ayuda a otros.

De hecho, cuando logramos unir nuestras pasiones, nuestros talentos, nuestras necesidades internas y aquello que el mundo necesita, el dinero deja de sentirse como una obligación y empieza a sentirse como una consecuencia natural.

Quizás podés cobrar por acompañar, por enseñar, por vender, por crear, por sanar, por organizar, por escribir, por asesorar, por cocinar, por diseñar, por comunicar. El desafío es animarte a pensar que sí es posible vivir de aquello que amas.

Una vez que tengas tus cuatro listas, comienza a buscar puntos en común. Observa qué palabras se repiten. Qué temas aparecen una y otra vez. Qué patrones encuentras.

Tal vez descubras que amas acompañar personas, que eres buena escuchando, que sientes que el mundo necesita más contención emocional y que podrías monetizar eso a través de terapias, mentorías o talleres.

Tal vez descubras que amas cocinar, que tienes talento para enseñar, que crees que el mundo necesita hábitos más saludables y que podrías crear un proyecto relacionado con alimentación consciente.

Ahí empieza a aparecer tu Ikigai. No como una respuesta cerrada, sino como una brújula.

Romina Atencio

M R Romina Atencio.jpg

ADEMÁS: Por qué debés eliminar el caché de WhatsApp y cómo hacerlo

Y quiero decirte algo importante: no pasa nada si hoy todavía no sabes cuál es tu propósito. No pasa nada si sientes que estás perdida, confundida o cansada. A veces el propósito no se encuentra buscando desesperadamente. A veces aparece cuando dejamos de correr y empezamos a escucharnos. Por eso creo que hay algo fundamental para conectar con el Ikigai: aprender a calmar la mente.

Es muy difícil escuchar la voz del alma cuando la cabeza está llena de ruido. Si estás todo el tiempo apurada, preocupada, agotada, pendiente del celular, resolviendo problemas y sobreviviendo al día a día, probablemente te cueste muchísimo escuchar tus verdaderos deseos.

La calma es necesaria para poder ver con claridad. Por eso te recomiendo que, antes de hacer este ejercicio, busques un momento de silencio. Puedes prender una vela, poner música suave, respirar profundo, meditar unos minutos o simplemente sentarte a escribir sin apuro.

No intentes controlar lo que aparece. No juzgues tus respuestas. No pienses demasiado. Dejá que salga. Porque muchas veces ya sabemos lo que queremos. Sólo que hace tiempo dejamos de darnos permiso para admitirlo.

Y quizás ahí, en ese espacio de silencio, puedas empezar a encontrarte con esa parte tuya que todavía sueña, que todavía desea, que todavía sabe. Esa parte tuya que conoce perfectamente cuál es tu Ikigai, aunque todavía no hayas podido ponerlo en palabras.

Si quieres profundizar más en este tema, puedes buscar en mi podcast el desafío de cinco días para encontrar tu propósito. Son episodios cortos, simples y muy concretos, pensados para ayudarte a poner foco, ordenar tus ideas y acercarte un poco más a tu razón de ser.

Porque vivir con propósito no significa tener todo resuelto. Significa vivir sintiendo que tu vida tiene sentido. ¡Hasta el próximo sábado!

Aparecen en esta nota:

Contacto

Registro ISSN - Propiedad Intelectual: Nº: RL-2025-11499155-APN-DNDA#MJ - Domicilio Legal: Intendente Beguiristain 146 - Sarandí (1872) - Buenos Aires - Argentina Teléfono/Fax: (+5411) 4204-3161/9513 - [email protected]

Edición Nro. 15739

 

Dirección

Propietario: Man Press S.A. - Director: Francisco Nicolás Fascetto © 2017 Copyright Diario Popular - Todos los derechos reservados