Por SERGIO TOMARO
Integrantes de una comisión vecinal alimentan la firme sospecha que el turismo sexual infantil es desde unos cinco años a esta parte otra de las máculas que se ha sumado al descontrol existente en pleno corazón del barrio de Flores, donde la proliferación de prostitutas y travestis convierten el lugar en una amplia zona roja que parece haber incorporado ahora su faceta más monstruosa. La nueva denuncia que pone sobre el tapete la posibilidad de un delito aberrante, fue formulada por Carlos Demarco, cabeza visible de la Comisión de Vecinos de Flores, quien alertó sobre el extraño movimiento que se registra habitualmente por las tardes en torno a unas combis blancas que estacionan sobre la calle Yerbal, enfrente de la plaza Flores y cien metros de la Basílica de San José, y de la que bajan pasajeros. Demarco sostuvo que “esto hace rato que pasa y para mí tiene que ver con el turismo sexual infantil”, ya que a su criterio quienes descienden de algunas de esas combis “tienen aspecto de turistas e ingresan al interior de la plaza donde, sabido es, existe oferta de sexo”. Sin embargo, la preocupación de Demarco es que esos supuestos “clientes” que bajan de las combis no tengan su objetivo centrado en las prostitutas y travestis que pululan por distintos epicentros “rojos” dispuestos en el barrio, sino que prioricen el descalificable propósito de buscar niños para satisfacer su perversión.
Sin control
La lógica que aplica Demarco para advertir sobre los riesgos de una actividad de la cual lamentablemente no ha logrado reunir aún pruebas concretas, es que en la zona suele haber muchos chicos en situación de calle y por lo tanto vulnerables ante la eventualidad de vínculos patológicos propuestos por adultos. “El problema es que no hay control ni contención” disparó el dirigente vecinal que recordó aun impresionado cómo hace unos días en las inmediaciones de plaza Flores “un chiquito de no más de diez años de los que tranquilamente pueden ser víctima de cualquier degenerado, me ofreció practicarme sexo oral a cambio de que le diera cien pesos”. Según Demarco, niños y niñas en estas condiciones “deambulan hasta bien tarde la noche entre Carabobo y Nazca”, lo cual los convierten en presas fáciles de depredadores sexuales quienes, planteó, “incluso pueden llegar a contar con los favores de los tantos hoteles de cuarta categoría que hay en la zona”. Uno de los argumentos en los que se basa el miembro de la comisión vecinal para apoyar su sospecha en torno del turismo sexual infantil, “es que ya hubo un antecedente aquí en Flores con un procedimiento policial que justamente se concretó en uno de estos hoteles de mala muerte donde fue encontrada una menor”. A criterio de Demarco “aquí hay chicos en peligro” por lo que instó a que el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, a través de las áreas respectivas “tome cartas en el asunto” y puntualizó que las promesas de campaña de los candidatos de Mauricio Macri en la zona, hasta ahora no se plasmaron en la realidad, más no sea en lo respectivo del descontrol generado por la prostitución. Desde hace años, los vecinos de Flores padecen las consecuencias de la explosión sexual que se registra en distintos puntos del barrio, donde prostitutas y travestis comparten escenario en los epicentros en los que históricamente concentran su actividades.
De vieja data
En ese contexto, los albergues transitorios juegan un papel central en esta historia dado que a criterio de los vecinos, trocan la función que tienen para convertirse en burdeles, tal como lo señaló Jaime Binderman, otro de los integrantes de la mencionada comisión. Binderman, también crítico de la responsabilidad que le compete al gobierno porteño, afirmó a este diario que la prostitución está “sólidamente instalado en Flores” y planteó que el problema está tan acendrado que “ahora las prostitutas prefieren trabajar a la luz del dia porque dicen que se sienten más vigiladas por los vecinos” y por ende, más seguras. Para este otro integrante de la comisión de vecinos de Flores, “el inconveniente de la prostitución no reside en la demanda de parte de los clientes como lo dicen el gremio de las prostitutas o algunos funcionarios del gobierno, sino -enfatizó- en la oferta”, al tiempo que recargó también las tintas contra los por los menos siete hoteles que en un radio de diez cuadras “terminan convirtiéndose en burdeles”. Sobre este tópico, Binderman también cuestionó a la policía porque “por ley está obligada a actuar sin que haya ningún tipo de denuncia, para investigar por sí misma. Sin embargo -remarcó- se cubren diciendo que esos hechos son un tema contravencional”. El comercio sexual que prolifera en Flores es junto a la inseguridad que se respira sobre todo cuando cae la noche, una de las principales complicaciones que sufren los vecinos que no creen que el panorama pueda revertirse en lo inmediato. Mientras tanto, la oferta de distintas variantes sexuales desde un módico precio de 5 pesos como piso, por ejemplo, para una felatio al paso a cargo de un travesti, seguirá siendo una realidad más en la geografía de plaza Flores y con la Basílica de San José como fondo.

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