El autor recorrió el sitio arqueológico ubicado en Jordania y popularizado por una de las películas de Indiana Jones. Constató extraños fenómenos nocturnos.

Petra (significa “roca”, en griego), situada en Jordania, es una enigmática ciudad excavada en la montaña misma. Dista unos 240 Km. de Amán, capital del país y está en medio de un absoluto desierto. Fue construida hace 2.800 años extendiéndose por 20 kilómetros cuadrados.

El sólo hecho de visitarla y advertir que cada construcción es, nada menos, que el resultado de excavaciones en la misma montaña, causa asombro. Una de las películas que tiene como protagonista a Indiana Jones fue rodada en ese lugar. Su creación –según la arqueología– es atribuida a tribus árabes, nómadas, nabateas, encontrándose en un sitio que –por varios siglos– fue lugar de paso de mercaderes. Pero, claro, cuando uno visita el lugar con tiempo suficiente para

investigar –como yo lo hice– surgen las dudas. ¿Tanto conocimiento de ingeniería y arquitectura tenían esos pueblos? ¿Contaban, realmente, con herramientas e instrumentos para tan minuciosas obras y haciéndolas de tal manera que el paso de algo más de dos milenios agregado a las rígidas condiciones climáticas no las haya deteriorado? Cuenta, además, con un extraordinario sistema de acueductos y cisternas que les permitió a sus habitantes tener toda el agua necesaria, a pesar de encontrarse en zona absolutamente desértica.

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Para más precisión, la ciudad de Petra se localiza en un valle angosto, al este del valle de Arabá que se extiende desde el mar Muerto hasta el golfo de Áqaba. Los restos más célebres de Petra son sus construcciones labradas en la misma roca del valle; en especial los edificios conocidos como el Khazneh (‘el Tesoro’) y el Deir (‘el Monasterio’) que son los que aparecen en la película de Indiana Jones.

Fundada a finales del siglo VIII a. J. por los edomitas, fue ocupada en el siglo VI a. J. por los nabateos que la hicieron prosperar gracias a su situación en la ruta de las caravanas que llevaban el incienso, las especias y otros productos de lujo entre Egipto, Siria, Arabia y el sur del Mediterráneo.

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Patrimonio de la Humanidad

Petra fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, siendo considerada una de las Siete Maravillas del Mundo Moderno. Durante prolongado tiempo resultó ignorada para Occidente, hasta que en 1812, fue redescubierta –para el mundo moderno– por Johann Ludwig Burckhardt, explorador suizo, profundo conocedor de la lengua árabe y de la religión islámica que, haciéndose pasar por un mercader árabe, viajó por el Oriente Próximo y Nubia.

Edificaciones para viviendas tanto como tumbas (hay más de 600), lugares para la práctica de cultos situados en lo alto de los cerros y complejos funerarios aún no descifrados totalmente por los arqueólogos, constituyen Petra. En pocas palabras, está allí todo lo necesario para que transcurriera la vida de familias enteras; lo que hoy entendemos es una ciudad. Es por ello que en la Antigüedad constituyó un importante sitio de encuentro de las caravanas comerciales que transitaban entre Arabia, Egipto, Siria y Fenicia.

Un lugar que genera singulares sensaciones anímicas

Existe un espacio –llamado “Alto Lugar del Sacrificio– situado en la cima del monte Jabad Al Madhbah, que, a mi juicio, no es otra cosa que un observatorio astronómico desde el cual les era posible determinar solsticios, equinoccios así como seguir sin dificultades el movimiento de la Luna, los planetas, apariciones de cometas, eclipses y fenómenos astronómicos transitorios como son las conjunciones de nuestro satélite natural, la Luna, con tal o cual planeta. Para ser franco, le encuentro a esta edificación–así como a otras del conglomerado que compone a Petra–características muy similares a las que comprobé, por ejemplo, en Machu Picchu.

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El turista argentino falleció a 32 kilómetros de Machu Picchu.

El turista argentino falleció a 32 kilómetros de Machu Picchu.

Si bien son muchas las personas –turistas, no investigadores– que han dejado constancia de lo que sintieron al recorrer Petra, puedo dar mi testimonio que coincide con los sorprendidos visitantes. Sólo comenzar a avanzar por el desfiladero que conduce a aquella antigua ciudad, genera singulares sensaciones anímicas.

En mi caso comenzó a invadirme una intensa serenidad, bienestar, tranquilidad. Lo contrario a lo que suele ocurrirme cuando estoy concretando una expedición anhelada. No. Aquí nada de ansiedad, ni apuros. A medida que fui internándome en Petra esas sensaciones se mantuvieron. Lo conversé con tres guías diferentes y coincidieron en que eran numerosos los visitantes de distintas partes del mundo que les decían lo mismo. A mi me quedó claro que el lugar fue elegido por sus edificadores –hayan sido quienes fueren– porque comprobaron que se encuentra en una zona que emite un tipo de energía a la que podríamos llamar vitalizante, positiva, armonizadora. Horas más tarde, una nueva sorpresa me llevaría a confirmar estas ideas.

Hay otro tema que llama la atención en relación a Petra. Es el hecho de que algunos investigadores afirman que esa ciudad fue –por un tiempo– el sitio donde residió la Reina de Saba. Si. Aquella que visitó al Rey Salomón. La misma.

La Reina de Saba habría vivido aproximadamente a mediados del siglo X a. J. (alrededor del 950 a. J.). Se le atribuye haber gobernado el reino de Saba, situado en el suroeste de Arabia (actual Yemen) o Etiopía. Por lo tanto, las fechas no parecen coincidir. Hay una brecha centenaria entre los tiempos de la Reina de Saba y la construcción de Petra. Claro que estamos manejando tiempos, atribuidos por los investigadores, que han sido obtenidos por deducciones sin certezas reales. Otro misterio sin resolver en torno a la enigmática Petra.

Una experiencia singular

Y para finalizar una experiencia singular. Conseguí permiso para –acompañado por un guía autorizado– internarme en aquella ciudad durante la noche. Una noche de cielo diáfano plagado de estrellas y sin Luna. Habiendo avanzado la caminata empezó a suceder lo inesperado. Masas amorfas de luz, cual bollos de algodón, surgían de uno y otro sitio. Unas parecían salir del suelo. Otras estar flotando quietas. Otras se disolvían a instantes de manifestarse. Caminamos acompañados de esas manifestaciones energéticas.

Tras pocos pasos, yo volvía a detenerme para constatar mejor las luminosidades. Lo que más llamó mi atención es que ninguna ascendía para perderse en lo alto. O se disolvían, o permanecían flotando a unos pocos metros de altitud.

“Eso es habitual aquí”, fue la respuesta del guía a mi pregunta. Y sonriendo me dijo: “Por qué no intenta sacarles fotos ”. Claro. Él ya conocía lo que habría de sucederme. Lo mismo que a todos quienes pudieron caminar por la noche en Petra, fueron acompañados por estas manifestaciones luminosas y quisieron tomar fotos. ¿Por qué no pudimos? Simplemente a causa de que todos los aparatos fotográficos, los teléfonos celulares y filmadores dejan de funcionar.

“Algo” obstruye su funcionamiento. Más llamativo aún es que esas mismas máquinas (tanto de fotografiar como de filmar) habían estado perfectamente bien en el lugar durante el día. Igual que las de los demás visitantes. Pero ahora, en la noche, repentinamente y de manera inexplicable, ninguna servía. De manera que continué mi periplo junto a las luminosidades que por momentos eran más numerosas, otras menos.

Ya habiendo regresado al hotel donde pasamos la noche, las máquinas seguían sin funcionar. Puse a cargar todos los equipos. ¡A la mañana siguiente estaban perfectos!

Antonio Las Heras es doctor en Psicología Social, magister en Psicoanálisis, parapsicólogo, filósofo, historiador, escritor e investigador del fenómeno OVNI. www.antoniolasheras.com

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