Aviones de la Armada y la Fuerza Aérea argentina bombardean la Plaza de Mayo buscando derrocar el gobierno Perón. Hubo al menos 308 muertos y miles de heridos.

El 16 de junio de 1955, aviones de la Armada y la Fuerza Aérea argentina bombardean la Plaza de Mayo y disparan con ametralladoras contra el Ministerio de Economía y otros edificios, en un frustrado intento de golpe de estado contra el gobierno del general Juan Domingo Perón que causó al menos 308 muertos y miles de heridos.

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En 2010, el Archivo Nacional de la Memoria de la Secretaría de Derechos Humanos publicó una investigación oficial en la que identificó a 308 muertos, aclarando que a esa cantidad debían sumarse «un número incierto de víctimas cuyos cadáveres no lograron identificarse, como consecuencia de las mutilaciones y carbonización causadas por las deflagraciones».

A las 12:40, la escuadra de 30 aviones de la Armada Argentina iniciaron sus bombardeos y ametrallamientos al área de la Plaza de Mayo.

La sorpresa del ataque hizo que el mismo cayera sobre la población, que realizaba sus actividades normales debido a que era un día hábil. Entre las primeras víctimas se contaron los ocupantes de los vehículos de transporte público de pasajeros. La primera bomba cayó sobre un trolebús repleto de niños, muriendo todos sus ocupantes.

En vuelo rasante, un avión Gloster ametralló el edificio de la CGT, matando al dirigente obrero Héctor Passano, y también dispararon sobre el Departamento de Policía y el Ministerio de Obras Públicas en la Avenida 9 de julio. Un oficial fue alcanzado por los disparos. Murió en su oficina. Por detrás de la cúpula del Congreso asomó otro Gloster. Volaba apenas por encima de la Avenida de Mayo. Se dirigió hacia la Casa de Gobierno para ametrallarla. Ezeiza, en tanto, estaba siendo atacada por los soldados del Regimiento 3 de La Tablada. La residencia presidencial también fue atacada. Cada avión que la sobrevoló lanzó una bomba. Una cayó en el parque del Palacio Unzué y no detonó. Otra mató a un barrendero en la calle. La tercera, que erró el blanco por 200 metros, cayó sobre la calle Pueyrredón: mató a un automovilista y a un niño de 15 años. El ataque fuera del palacio tenía una razón de ser: suponían que en un edificio de la calle Gelly y Obes se había refugiado Perón.

Pasaron 66 años, y sigue siendo inexplicable que hombres que juraron servir a la patria, hayan decidido matar compatriotas. ¿Serían servidores de la patria o de intereses foráneos? Lo único seguro es su precaria intelectualidad y moral. Unos imbéciles.

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