Es domingo por la mañana en el Lago do Catalao, en plena Amazonia brasileña. La silueta de un pescador se dibuja sobre sus aguas. Pero no lleva redes, sino documentos que lo habilitan para votar en la urna flotante que llegó hasta su comunidad.
Antonio Lopes da Silva, de 33 años, es uno de ellos. Es pescador y vive con su esposa y cuatro hijos en una de las 106 cabañas flotantes que rodean este lago ubicado en el municipio de Iranduba, cerca de Manaus, en el estado de Amazonas (norte).
Silva tiene que remar 10 minutos hasta la escuela Nossa Senhora de Aparecida, donde se ubica su local de votación y que literalmente flota en el centro del lago.
Dentro está la única urna electrónica que llegó a esta comunidad de 400 personas, de los cuales 254 son electores pero sólo 190 están habilitados para sufragar. El resto no hizo su registro biométrico a tiempo y quedó con el documento de elector cancelado.
"Trabajé toda la madrugada, pescando, pero quiero votar rápido. Quiero hacer valer mi derecho de mejorar nuestro país", dice a la AFP este brasileño que no quiere revelar su voto.
"Espero que el país cambie para mejor. Siempre cambiamos de político pero el país no mejora", explica. Su esposa, Patricia, de 38 años y con el documento cancelado, permaneció en casa aderezando el pez para el almuerzo.
Antonio hizo su registro con anticipación para poder votar en esta urna electrónica con su huella digital. La información es enviada vía satélite al tribunal regional electoral del estado, como ocurrió en los comicios del 2010.
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