Después de varios años donde Sudamérica vivió un cambio político, económico y social, de la mano de gobiernos que en mayor o menor medida llevaron adelante profundos cambios tras el período neoliberal, este domingo puede haber novedades en ese mapa geopolítico cuando Brasil y Uruguay definan sus gobiernos para los próximos años.
Con las diferencias lógicas que existe entre la locomotora (Brasil) y el pequeño del sur (Uruguay), los procesos eleccionarios definirán varias cuestiones para el futuro, tanto puertas adentro como en la relación con el resto de los países vecinos.
En Brasil, donde un total de 142,8 millones de personas están convocados a las urnas por segunda vez en un mes, y tras la campaña más ajustada y sangrienta de la historia reciente de Brasil, Dilma Rousseff aventaja por entre seis y ocho puntos a Aécio Neves, un exsenador y exgobernador de 54 años proveniente de la élite política brasileña.
El noreste negro y pobre de Brasil es un gran bastión del PT, agradecido por los programas sociales que benefician a 50 millones de brasileños desfavorecidos, un cuarto de este país con una de las mayores tasas de desigualdad del mundo.
Los electores de mayores ingresos apoyan a Neves y acusan a Rousseff de estancar el crecimiento del país, en recesión en el primer semestre, y descuidar la inflación, que ha superado el techo de la meta y alcanzó 6,75% en 12 meses.
La batalla se jugará principalmente en el seno de la clase media intermedia -con ingresos de dos a cinco salarios mínimos del sur y sobre todo del sureste.
Los últimos sondeos serán difundidos este sábado, un día antes del desenlace de esta campaña llena de dramas y sorpresas que incluyeron la muerte de un candidato en un accidente aéreo (el socialista Eduardo Campos) y el surgimiento de otra candidata, la ecologista Marina Silva, que tras desplazar a Neves y amenazar el liderazgo de Rousseff quedó tercera y apoya ahora al socialdemócrata.
La disputa es entre el Frente Amplio y el Partido Nacional. Todas las encuestas así lo señalan desde julio, una vez cumplida la primera parte del ciclo electoral, que son las elecciones primarias.
La opción es entre el regreso de Tabaré Vázquez o el debut de Luis Lacalle Pou, que representan programas, ideas, visiones de país y trayectorias distintas. El resto mira desde la tribuna. Son siete fórmulas las que compiten por la Presidencia en un total de 2.620.717 habilitados para votar.
Dos cosas son claras, no seguras, a juzgar por los números. El Presidente no se definirá mañana, sino que deberá pasar por una segunda vuelta el 30 de noviembre. A juzgar por las cifras nadie alcanzará el 50% más 1 voto, necesarios para vencer.
La segunda es que ningún partido obtendrá las tan codiciadas mayorías parlamentarias que permitieron al Frente Amplio en las elecciones de 2004 y 2009 lograrlas y sacar todas las leyes que se propuso sin depender de acuerdo alguno. Esa y no otra es la disputa más fuerte por estas horas.
Las últimas encuestas ubican al Frente Amplio con un piso del 40 al 42%, al Partido Nacional (blancos) entre el 28 y el 34%, al Partido Colorado entre el 12 y el 16% y al Partido Independiente entre el 3 y el 4%. Los indecisos rondan el 6 al 8% y el resto se reparte entre partidos más pequeños.
Fuente: NA y AP
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