El ex vicepresidente de Barack Obama sacó rédito del Supermartes y tomó la delantera gracias a que se bajaron varios rivales, pero el senador por Vermont confía en revertir la tendencia en los últimos desafíos de las primarias demócratas

La interna demócrata para buscar contrincante de Donald Trump de cara a las elecciones presidenciales de noviembre en Estados Unidos quedó establecida en el duelo de dos contendientes: Joe Biden y Bernie Sanders. Ambos marchan palmo a palmo rumbo a los últimos escollos del calendario de primarias, pero cuentan con diferentes estrategias a partir de lo que sucedió en el Supermartes, cuando la mayoría de sus adversarios cancelaron sus campañas, entendiendo que ya no había forma de modificar la tendencia.

Los resultados de la jornada que estipuló a gran parte de los delegados, al haber votación en más de una docena de estados, dejaron en evidencia que sólo dos hombres dirimirán al futuro exponente que intentará arrebatarle el puesto en la Casa Blanca al vigente mandatario. Es que tanto unos días antes, como un puñado de horas después, el resto -a excepción de Tulsi Gabbard, que difícilmente mueva el amperímetro- optó por bajarse de la carrera y mover sus fichas lejos del escenario, algo que derivó en una modificación contundente en la compulsa.

Previo al Supermartes, era el senador por Vermont el que se mostraba como el favorito para conseguir la nominación. Sin embargo, el ex vicepresidente de Barack Obama, que empezó el camino de las primarias con más dudas que certezas, enderezó su barco y ahora es el que suma a más delegados, a la espera de los siguientes cruces, que se completarán entre marzo y junio.

Fue clave para Biden lo que ocurrió con los demás candidatos, ya que la mayoría le dio el visto positivo y concedió sus votos, como por ejemplo Beto O'Rourke, que aspiraba a tener una gran performance en Texas pero que, al irse antes de tiempo, trasladó sus números en uno de los estados más grandes, que certificaba unos 228 delegados en juego. Eso mismo sucedió con Amy Klobuchar, que hizo lo propio en Minnesota.

Pero el que más ayudó fue Michael Bloomberg. ¿Por qué? El ex alcalde de Nueva York, uno de los hombres más ricos del mundo, había ingresado a la interna a último momento, con la pretensión exclusiva de evitar que ganara Sanders, observando que los pasos iniciales de las primarias lo consolidaban en la cima. Y así puso su maquinaria en circulación, con un gran caudal de dinero -una suma superior a los 400 millones de dólares-. Eso incluso le posibilitó ganar el desafío por delegados en Somoa Americana, un territorio estadounidense en Oceanía. Pero no era suficiente y suspendió su candidatura, aunque le brindó su venia a un Biden que se erige, así, con una estructura notable por sobre su rival, pues se le agrega un presupuesto de envergadura para las contiendas finales y, a su vez, tiene en su poder a un sistema de voluntarios a lo largo y ancho del país que quedaron, ubicados por el magnate neoyorquino.

Así fue como Sanders, que lideraba con comodidad, pasó a un segundo puesto, viendo peligrar su nominación. Aunque confía que pueda contar con los votos de otra de las figuras que se bajó: Elizabeth Warren. Era la tercera en discordia en la previa a las elecciones, pero su saldo negativo, especialmente en Massachusetts, de donde es oriunda, obligó a replantear su estrategia. Y si bien todavía no había definido para qué lado virar, una vez fuera del escenario, se especula con un guiño al hombre de Vermont, más cercano a sus ideales que Biden, pese a los acalorados duelos que se dieron entre ambos durante varios debates.

Ahora bien, siendo sólo dos los candidatos potables para llegar al choque de noviembre con Trump, ¿cómo se comportarán en las siguientes estaciones de las primarias? Lo previsible es que se torne en una campaña de mayor tinte personal, abocados ambos a encontrar un hueco en donde golpear al otro, algo de lo que puede incluso sacar tajada el propio presidente de cara a noviembre.

De hecho, ya el republicano, con su verborragia habitual, y con su cuenta de Twitter como cincel, fue metiéndose en la interna demócrata, aprovechando las circunstancias. Y criticó, con total ironía, esos movimientos que se dieron para intentar evitar un triunfo de Sanders, en favor de Biden.

El ex vice de Obama es, desde el principio, el candidato que la estructura demócrata prefiere. Es que cuenta con una larga trayectoria política, e incluso su currículum indica que fue uno de los senadores más jóvenes de la historia de EEUU, allá por 1972. A su vez, transita su tercera oportunidad en busca del sillón en el salón Oval de la Casa Blanca, pues, además fue candidato en 2008, cuando perdió a manos del propio Obama y luego se convirtió en su ladero; en tanto que mucho antes había aparecido en escena en 1988, cuando tuvo que salirse de la carrera a partir de un malentendido que surgió cuando admitió que había plagiado un discurso del entonces líder del Laborismo Neil Kinnock.

Enfrente está un Sanders que también tiene una dilatada carrera, aunque siempre alejado de los grandes focos, de la mano de su tendencia al socialismo, algo de lo que él se vanaglorea pero que en el país norteamericano utilizan para asociarlo directamente con el comunismo, con toda la carga negativa histórica que tiene esa denominación en EEUU. Y en su caso será la segunda vez que intentará llegar a destino, después de quedar en las puertas de la nominación en 2016, cuando fue Hillary Clinton, con toda la estructura partidaria detrás, la que lo superó en la interna.

Ambos muestran en campaña varios ejes temáticos que los vinculan, aunque con sus diferencias: para Biden la premisa es resaltar argumentos que tuvieron valor en la época de Obama, y que sufrieron cambios con la llegada de Trump al poder; mientras que Sanders apuesta a una mayor radicalización de sus propuestas, sacando rédito de su condición de "outsider" de la política convencional, como, por caso, ocurrió con el propio Trump hace cuatro años.

La pauta central está en la salud. Uno se aboca a resaltar las virtudes del Obamacare, un sistema que generó polémica pero que se estableció como una mejora en una estructura de por sí restrictiva para la mayoría de los estadounidenses; y que fue justamente una de las ideas que pretendió minar el actual presidente ni bien llegó a Washington. En tanto, el otro va por más y vislumbra un "Medicare para todos", similar a lo que sucede en Canadá y los países nórdicos, modo de seguridad médica gratuita e integral, por encima de las grillas privadas.

Por otro lado, Biden intentará centrar sus propuestas en la política exterior, pretendiendo retomar aquellos vínculos que supo construir Obama y que desarmó Trump, especialmente los de comercio continental y los de seguridad internacional, a sabiendas de los conflictos que están en boga en el tablero mundial. En paralelo, Sanders se ancla en el interior de EEUU, con dos vertientes: empleo, fomentando una mayor sindicalización y un aumento del salario mínimo; y educación, con condonaciones de deuda de los estudiantes y apelando a un mayor caudal de currícula en las universidades públicas.

El próximo capítulo de las primarias será el martes, con una serie de estados que marcarán la tendencia, aunque la mirada va más allá, hacia fines de abril, cuando se desarrolle, entre otras, las elecciones en Nueva York, una de las que más delegados brinda y evidenciará cuál es el rumbo que tomarán los demócratas para intentar desbancar a un presidente cada vez más confiado en extender por cuatro años su estadía en la Casa Blanca.

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