
Un carpintero de 52 años residente en Nueva York (Estados Unidos) tuvo un golpe de suerte, que le llegó seguido de una triste noticia. El pasado 2 de enero, Donald Savastano compró en una tienda de la localidad de Sydney –un pueblo ubicado 270 kilómetros al noroeste de esa metrópoli- un boleto de lotería instantánea que, al rasparlo, lo hizo acreedor al “jackpot” de 1 millón de dólares.
El “millonario instantáneo” se convirtió en la gran atracción de los medios por esos días en los que casi no hay noticias ya que, sin los impuestos, el carpintero se llevó alrededor de 661.800 dólares.
“Voy a comprar un nuevo camión, y probablemente vaya a tomar unas vacaciones”, le contó Donald a los medios, al tiempo que hacía planes para cambiar su vida y la de su novia, con quien convivía desde hacía 10 años.
Sin embargo, un mes después, Donald se volvió a convertir en noticia pero no por su buena suerte, sino más bien todo lo contrario.
Ocurrió que el hombre aprovechó su disponibilidad monetaria para saldar una vieja deuda: una visita al médico que se debía hacía mucho tiempo a raíz de unos dolores internos que lo aquejaban.
Como si de una escena de la serie Breaking Bad se tratara, el especialista le dijo que los dolores eran debido a un cáncer cerebral que lo estaba afectando. Como para darle la estocada final, el doctor agregó que la enfermedad se encontraba en la fase 4 y que se había extendido a sus pulmones, es decir que era un enfermo terminal al que le quedaban, quizá, días de vida.
Al no poseer seguro médico dado su nivel económico, el hombre no había podido acudir a un hospital y, cuando se le dio la oportunidad, ya fue demasiado tarde: murió el 26 de enero tras pasar algunos días en el hospital.
Un alegre comienzo para un triste final de historia que, increíblemente, transcurrió en menos de un mes.