En una reunión en la Casa Blanca con ejecutivos del sector energético, el presidente de Estados Unidos prometió “protección y seguridad” para las empresas que apuesten por el país caribeño tras la caída de Nicolás Maduro.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dio este viernes un paso clave en su estrategia hacia Venezuela al ofrecer garantías de “protección y seguridad del gobierno” a largo plazo a las principales compañías petroleras del mundo, con el objetivo de atraer inversiones millonarias para reactivar la industria energética del país caribeño.
El anuncio se produjo durante una reunión en la Casa Blanca con ejecutivos de empresas estadounidenses y extranjeras del sector.
Según explicó Trump, el plan contempla que las petroleras estadounidenses inviertan “al menos 100.000 millones de dólares de su propio capital, no del dinero del gobierno”, para reconstruir infraestructuras críticas y aumentar progresivamente la producción de crudo.
La iniciativa se inscribe en el nuevo escenario político abierto tras la captura de Nicolás Maduro y el inicio de una transición encabezada por un gobierno interino con fuerte tutela de Washington.
El mandatario estadounidense sostuvo que la oferta de garantías busca disipar los temores del sector privado frente a la inestabilidad política y jurídica que atraviesa Venezuela desde hace años. En ese sentido, subrayó que su administración brindará un marco de seguridad para las empresas que decidan apostar por el país sudamericano en esta nueva etapa.
Las diferencias entre las compañías quedaron en evidencia durante el encuentro. El CEO de ExxonMobil, Darren Woods, planteó una postura cautelosa y advirtió que, en las condiciones actuales, Venezuela sigue siendo un destino poco atractivo para la inversión.
“Si analizamos las estructuras y marcos legales y comerciales vigentes hoy en Venezuela, resulta un país poco atractivo, por lo que se deben realizar cambios significativos en esos marcos y en el sistema legal”, afirmó.
En contraste, otras firmas mostraron una actitud más decidida. El consejero delegado de Repsol, Josu Jon Imaz, destacó que la petrolera española ya tiene una presencia relevante en el país, donde es responsable de aproximadamente la mitad de la generación eléctrica, y aseguró que está preparada para ampliar fuertemente sus operaciones.
“Hoy producimos 45.000 barriles diarios y estamos listos para triplicar esta cifra en los próximos tres años, invirtiendo con fuerza en Venezuela”, señaló.
Imaz agradeció a Trump por “abrir la puerta a una Venezuela mejor” y ratificó el compromiso de Repsol tanto con el país caribeño como con Estados Unidos. En la misma línea, se mencionó el rol de Chevron, la única empresa estadounidense que continúa operando en territorio venezolano.
Durante la reunión, Trump fue más allá y sorprendió al invitar a China y Rusia a comprar “todo el petróleo venezolano que necesiten” del crudo que será gestionado por Washington. El presidente defendió que su administración tome el control de las ventas petroleras de Venezuela para evitar que Moscú y Pekín se adelanten y consoliden su influencia sobre esos recursos estratégicos.
El encuentro también estuvo atravesado por definiciones políticas. Trump afirmó que el gobierno interino encabezado por Delcy Rodríguez, ex vicepresidenta del chavismo, “parece ser un aliado” de Estados Unidos y que probablemente continúe siéndolo. En ese marco, el secretario de Estado, Marco Rubio, detalló que Washington prevé una transición en tres fases: estabilización, recuperación y normalización económica, con el objetivo de que los recursos beneficien “a la gente y no a los adversarios” de EE.UU.
Trump adelantó además que se reunirá “muy pronto” con representantes del gobierno interino venezolano y confirmó que recibirá en la Casa Blanca a la dirigente opositora María Corina Machado la próxima semana para conversar sobre su eventual rol en el futuro político del país.
En paralelo, el presidente estadounidense volvió a generar polémica al referirse a Groenlandia, al asegurar que Estados Unidos “hará algo, por las buenas o por las malas”, para impedir que Rusia o China amplíen su presencia en la isla, a la que consideró clave para la seguridad global.