Cerricchio alterna desde hace 17 años su trabajo en casas y edificios con el canto y la guitarra arriba de distintos escenarios para mitigar el dolor por la pérdida de tres hijos por diferentes episodios.
Angel Emilio Cerricchio. Un matancero que hace, desde hace 17 años, de su profesión de gasista matriculado su medio de vida, pero que abrazó, desde jovencito, la música. Y fue la música justamente uno de los puntales que lo ayudaron en una vida, que se encargó de pegarle varios cachetazos.

Desde su condición de tenor supo mitigar el dolor de la pérdida. En la tragedia de Once de 2011, su hijo mayor y su nuera formaron parte de las 52 víctimas, pero ya tenía otras dos heridas similares cuando soportó, anteriormente, perder a dos hijas pequeñas.

"La música es un bálsamo, son muchos años de cantar, por eso la música siempre ha estado conmigo, es algo así como una liturgia, que me ha ayudado en momentos muy difíciles que he pasado", asegura el vecino de San Justo.

Una vida dura le ha tocado sobrellevar. Antes del golpe por Matías, una garra le araño su suerte en dos ocasiones. Su hija de cuatro años, Julieta, falleció por una enfermedad terminal y, luego, con cuatro meses, Paloma, producto de una neumonía.

"El dolor es enorme", dice con firmeza Angel, quien estuvo 12 años sin cantar por cuestiones obvias. Pero volvió, ensayó y en el presente es su gran oasis. "La música es un cable a tierra y que me ha llevado a tener un vínculo con la gente", rescata el tenor matancero, quien, entre otras actividades, canta, en italiano, en la Catedral de San Justo durante las misas del domingo por la mañana, mientras que también es integrante de la comisión directiva del Club Stella Alpina de San Justo.

Zarzuelas y óperas

Estudió canto desde los 19 durante seis años y ha llegado a ser tenor para que zarzuelas y óperas formen parte hoy de su repertorio durante todos los fines de semana en los que sube a un escenario, toma un micrófono y suelta desde su garganta una voz que acaricia su alma y los oídos de los demás.

"En 1976 estudié, en el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón, la carrera de artista lírico. Pude hacer sólo un año, ya que debí dejar por la enfermedad de mi padre", recuerda y agrega: "Del 86 al 90 estuve en el Colón con la Asociación Wagneriana".

En el escenario le da vida a su vida misma, pero aquella tragedia ferroviaria lo ha colocado en otra arista. Es que Angel Cerricchio forma parte del grupo de familiares que piden justicia por sus seres queridos. Por eso, hoy a las 8.32 de la mañana, cuando se cumplieron 33 meses del accidente, estuvo como cada 22 en el hall de la estación Once. "Cada mes y a la hora que fue el accidente, hacemos un acto en el que se informa acerca de lo que se hizo y cómo está el tema hasta ese momento. Y, en este mes, se suma que se inauguraró un monumento a la víctimas en la plaza Miserere", explica. Y luego, sobre el escenario, convertirá ese dolor en canto, que toma forma de bálsamo.


El doloroso recuerdo de la Tragedia de Once


Las imágenes de aquel 22 de febrero de 2011 quedaron marcadas en el alma por las 52 víctimas de la tristemente recordada tragedia de Once.

A Angel Cerricchio le tocó sentirlo en carne propia. Es que su hijo mayor, Matías y su nuera, Natalia, ambos de 33 años, viajaban en el primer coche del tren siniestrado. Los dos trabajaban como empleados en la zona de Once y vivían en San Justo. "Viajaban con el 46 desde San Justo a Liniers y de allí el tren", cuenta Angel, quien es padre de cuatro hijos más.

Desde el momento en que se conoció la noticia todo se transformó en un pandemónium. "Fue una incertidumbre total. No aparecían en ninguna lista. Nos movimos con un amigo, por un lado, y Noemí, mi ex mujer y mamá de Matías, con los chicos, por otro. Luego de deambular por varios hospitales decidimos ir a la morgue y allí estaban. El encargado, recuerdo, que nos dijo que fueron los primeros cuerpos que habían llegado a ese lugar".

A partir de allí comenzó otra etapa de pedir, de reclamar, de recordar siempre. "Buscamos que se sepa por qué sucedió, que se defina quiénes son los culpables y por ello hay una querella iniciada contra la empresa TBA y la CNRT. De hecho, el 18 marzo de 2014 será el juicio oral y público en el Tribunal N°2 de Comodoro Py. Y esperamos que se haga justicia", explica, sin permitir que el dolor ni la bronca lo quiebren.

Sin querer la vida lo puso en una nueva arista y Angel Cerricchio camina en busca de justicia. "A raíz de esto me he transformado en casi un especialista en trenes. De tanto andar, leer, aprender, veo el mal estado de los trenes. Hoy hacen cambios y mejoras cosméticas, pero los accidentes siguen pasando como el de Castelar y el del 19 de octubre pasado en Once nuevamente", afirma y recuerda sobre la tragedia de 2011: "Un tren lleva ocho vagones y tiene cuatro compresores, dos de esos no andaban en el tren siniestrado; otro andaba y el cuarto, que era el que estaba adelante, no se sabe, porque se destruyó en el accidente. Además, en el accidente de febrero de 2011 como en el de octubre pasado los parachoques no funcionaban", afirma y añade: "Las pericias marcaron que en un metro cuadrado había nueve personas sobre el tren, que venía con mil kilogramos de sobrepeso".


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