Lucas Ezequiel Giménez caminó mucho las calles para poder sobrevivir pero sin descuidar la práctica deportiva, causa por la que siempre buscó “el salto de calidad” para poder pelear por una bolsa bien llena.
La dureza de la vida, muchas veces, genera estereotipos complejos. Silencios, corazas que funcionan como defensas, rencores, tristezas. Sin embargo, suelen aparecer excepciones. Lucas Ezequiel Giménez, boxeador amateur de Altos de Laferrere, es un ejemplo de esas celebradas excepciones. Hoy camina por la vida persiguiendo un sueño en el que sus manos están cubiertas por guantes de boxeo, luego de haber hecho mucha cintura ante los golpes que lanzaba el destino, la vida o vaya saber quién. Se auto define como un peleador sobre el ring, pero, quizás no lo sepa o su perfil bajo no se lo permita decir, que también lo es fuera de un cuadrilátero.
La familia
Se quedó sin madre (Angélica Ester Galeano) muy chico, cuando apenas tenía un año. Su padre, Omar Giménez (63) se puso al frente de la familia, que integraban -e integran- otros cinco hijos, todos mayores que Lucas (24 años), quien tiene a su novia Ivana, a su lado desde hace 8 años. "Mi padre siempre me brindó su apoyo para el boxeo, porque siempre me acompaña para todos lados. Está siempre", dice orgulloso Matías, quien anda cerca de transformarse en profesional del boxeo. Es que, por el momento, es amateur, en categoría welter (64 kilos), con un récord de 35 peleas, 28 ganadas (5ko), 3 empates y 4 derrotas.
Armar un circo, cortar pasto en la calle, transpirar en un depósito, correr maratones al lado de un camión de recolección de residuos. Así se ganó el mango Matías Giménez, mientras el boxeo nunca se alejó de su corazón. Hoy se gana la vida en el Mercado Central, como changarín. "Son tres o cuatro días a la semana. Arrancó a las 3 de la madrugada, hasta el mediodía. Vengo a casa, almuerzo, descanso un poco y luego me voy a entrenar", explica al contar su día.
Desde mayo se entrena en el Club Franja de Oro de Pompeya, bajo las órdenes de Enrique Bordón. "Trabajé en casa mucho tiempo solo, así hice dos peleas y mi viejo en el rincón", dice el púgil de Lafe, que el pasado 22 de agosto se impuso por decisión unánime a Farías, en Luis Guillón. "Arranqué a competir a los 18 años, es decir hace seis años y me fui muchos lugares, en donde me entrenaba, buscando dar un salto de calidad. Es que siempre tuve muy claro que quería ser profesional y estoy muy cerca de lograrlo", acota.
No sabe qué significa sentarse, esperar y depender de que alguien se acuerde de él. Lucas va, busca y hace. Así, en su casa enseña boxeo recreativo a la gente conocida, antes lo hacía en un gym de la zona, pero también "me estoy perfeccionado para chofer de colectivos (NR: uno de sus hermanos es profesional del volante) como para tener variantes", cuenta.
"He probado muchos estilos, pero me cae mejor el de peleador en media distancia", define. Y sí, nada le cayó de arriba, nada fue simple para Matías Giménez, pero esos escollos los esquivó con el esfuerzo como condición innegociable. Claro, si es un peleador también en la vida.