Desde Parque Avellaneda viaja todas las mañanas hasta el predio de Villa Scasso para después trasladarse a Constitución para cumplir sus labores. Tres veces por semana cursa Trabajo Social.
El fútbol reúne mil y una historias. Muchas de ellas estallan en cada televisor, en cada página de un diario o una revista, en cada minuto de radio aunque las estrellas mediáticas son las que suelen ocupar, en muchos casos injustificadamente, esos espacios. Pero hay otras, anónimas, silenciosas, enriquecedoras, protagonizadas por héroes de la vida misma. No se mueven en autos de alta gama, tampoco son presas del flash de los papparazzi. Ellos son luchadores como cualquier laburante. Sueñan, se golpean, pero son felices con lo que hacen. Leonardo Adrián Ramírez Acuña (26 años), jugador del Deportivo Paraguayo es un paradigma de la realidad del futbolista del Ascenso. Se calza los cortos en el equipo que milita en la Primera D, pero también trabaja y estudia. Y todo lo hace desde la pasión por lo que hace.

Su familia, que reside en Parque Avellaneda, se integra con su padre Gilberto (paraguayo), su madre Nadua Beatriz (también paraguaya, pero descendiente de sirios libaneses), y sus dos hermanos Pablo (28) y Lenin (7). Es defensor-volante, lo que se dice un polifuncional. Pero no sólo lo es en la cancha, también lo es en la vida. Es que, además de la actividad en el fútbol, Leo Ramírez Acuña le suma su trabajo en una marroquinería en Constitución, y la carrera de Licenciatura en Trabajo Social que estudia en la Universidad Popular de Madres de Plaza de Mayo.

"Mi día arranca a las 7, una hora después tomo el 180 rápido hasta el kilómetro 29, de allí una combi hasta el predio de Villa Scasso. Me entreno con el plantel desde las 9.30 hasta las 11.30 y de allí al trabajo, en Constitución, en donde estoy de 14 a 20. Y en la facultad cursó lunes, martes y viernes, hasta las 22", relata con la humildad a flor de piel.

Pasional

Todo el esfuerzo que realiza tiene como marca indeleble el amor por lo que hace. "Uno por el fútbol hace cualquier cosa y no me arrepiento de nada", subraya como una declaración de principios. "Mis raíces son paraguayas y latinoamericanas. Por caso, el club es un espacio de construcción de identidad. Es que yo construyo mi identidad en el Deportivo Paraguayo, en donde soy feliz", avisa mientras su orgullo se confunde con sus ilusiones de seguir en la huella.

Para Ramírez Acuña no es Boca, ni River, no es amigo de las luminarias, prefiere el olor a potrero, a barrio, en donde el juego no se contamina con las especulaciones del a veces mal ponderado éxito. "Para mí el fútbol es sentimiento. Mi incentivo es moral, no es económico. Por eso me siento pleno haciendo lo que hago. Y esto es ir en contra de lo que te marca la sociedad, que sólo mide el éxito por resultados. Por eso soy hincha del Deportivo Paraguayo, donde todos apuntamos a serle útil al compañero", sostiene.

No sólo lleva el esfuerzo como estandarte, también rompe con ciertos paradigmas vivientes en la sociedad. Es un futbolista que juega en el Ascenso y tiene clara una filosofía de vida, en la que pensar y reflexionar no se negocia. "Siempre digo que se construye con el otro, porque el de al lado es mi hermano, y quiero ser parte de un todo, ya que sólo no hago nada", define el defensor del Tricolor, quien parece haber instalado la polifuncionalidad en la entidad guaraní.i