Pide la colaboración de la comunidad y de las autoridades para techar el lugar donde un centenar de chicos recibe alimentos. Necesitan chapas, tirantes y lonas para que los chicos no pasen frío.

En el barrio San Pedro, de Virrey del Pino, el amor por los demás, el compromiso por los que menos tienen y el espíritu solidario tienen albergue en Sembrando Futuros, un merendero que recibe a un centenar de niños que llegan con el hambre como un acompañante indeseable. Yamila Márquez, con sus 27 años, trabaja sin tregua y convive con necesidades para darles mejor cobijo a los pequeños.

Mientras atiende el día a día, Yamila se anticipa y debe pedir una mano. Es que el invierno se acerca y el merendero queda a merced de las bajas temperaturas. Sembrando Futuros funciona en el patio de la casa de Yamila Márquez, en donde se brinda contención y un plato de comida a niños de bajos recursos. "La idea es techar el patio y para ello se necesitan chapas, tirantes y lonas para que los chicos no pasen frío", afirma la fundadora del merendero, quien asegura: "No cuento con los medios necesarios para realizarlo por mi cuenta por eso pido ayuda de los vecinos y autoridades de La Matanza".

"El patio del frente de casa no está techado, pero cuando empezamos con la taza de leche nunca pensamos que habría tanta demanda de chicos. Todo quedó chico y con el invierno se va a complicar".

Las calles de tierra suelen dominar el lugar, lo cual se transforma en un escollo más cuando llueve. "Nosotros estamos en la calle Martín García, que es asfaltada pero nos inundamos, se llena de agua y no se puede salir. Pero los chicos vienen de una zona inundable, que se conoce como la Palangana, porque había una fábrica de ladrillos que sacaba la tierra como materia prima, y así el lugar quedó muy bajo y con forma de palangana", explica Yamila.

En Sembrando Futuros se sirve los días sábados una merienda, mientras que los domingos se brinda un almuerzo para niños y familia, ya que se arman entre 100 y 120 viandas. "La gente retira la comida y va a su casa, porque tengo poco espacio", dice.

La merienda consta de una copa de leche, que puede ser chocolatada o té con leche, con tortas fritas o galletitas, aunque a veces una panadería dona pan y facturas. En tanto, para el almuerzo se reservan comidas calientes, como guisos, fideos con tuco, guiso de lentejas. "Se complica con la carne y verduras, pero tenemos un fondo con las mamás para comprarlas", cuenta Yamila, quien es la cocinera, y cuenta con la ayuda de Melisa, Diana y Yésica.

No sólo la comida es parte de la contención, sino que la salud y un taller de reciclado de juguetes también es parte del combo solidario. "Algunos sábados viene una pediatra, la doctora Marta Giménez, quien hace trabajo solidario. Ella controla la talla, el peso de los nenes, asesora a los padres en cuanto a diferentes tratamientos y vacunas que puedan necesitar los chicos", relata y añade: "También les enseñamos a trabajar con juguetes en mal estado, a los que ponemos en funcionamiento".

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