El temerario "algo habrán hecho", tan vinculado a una siniestra época de la Argentina, bien puede adecuarse a un pensamiento que aún hoy sobrevuela a gran parte de nuestra sociedad cuando se habla de violencia de género.
La palabra de la mujer continúa siendo sobrevaluada, tomada con pinzas, por muchos que, peligrosamente, tienen el poder de legislar y también de sentenciar. ¿Será por eso que, a pesar de avances como la incorporación de la figura de femicidio en el Código Penal y la creación de la Oficina de Protección de Violencia Doméstica de la Corte Suprema de Justicia, las cifras que estampan los diarios en sus tapas siguen siendo escalofriantes? En la Provincia de Buenos Aires, una mujer es golpeada por hora, y en casi el 90 por ciento de los casos, la agresión es perpetuada por su pareja o ex pareja.
La falta de capacitación en áreas fundamentales para la asistencia de víctimas de violencia de género es una de las aristas que desarrolla la periodista Mariana Carbajal en su reciente libro "Maltratadas. Violencia de género en las relaciones de pareja" (Aguilar).
En diálogo con DiarioPopular.com.ar, Carbajal detalla los orígenes de una exhaustiva investigación que expone testimonios de víctimas, plantea posibles abordajes y hecha por tierra mitos que rodean una problemática que, es cierto, dejó de ser silenciada, pero que aún se cobra la vida de cientos de mujeres en nuestro país.
-Por tus investigaciones y publicaciones, sos ya una referente de la problemática. Pero ¿en qué momento sentiste la necesidad de escribir un libro? ¿Hubo un hecho puntual que lo originó?
-Este libro me sugirieron hacerlo. Al principio, pensé que era un tema trillado. Sin embargo, tal vez hubo un caso que me tocó de cerca: una amiga muy cercana que por entonces me contó que hacía 12 años de matrimonio y más de 3 de noviazgo que su marido la maltrataba física y verbalmente. Yo desconocía esa situación, ella nunca lo había contado, tenía mucha vergüenza, por eso había callado y aguantado, como tantas mujeres que viven estas situaciones. Es una mujer muy exitosa en su profesión, universitaria, con un buen pasar económico, y sin embargo, aun teniéndome cerca a mí y sabiendo que yo la hubiera podido orientar y ayudar, no había podido buscar ayuda antes.
La historia de esta amiga, que todavía sigue sufriendo la violencia de su ex pareja, me interpeló y me hizo pensar que tal vez un libro como éste era necesario para otras mujeres como ella. Pero también para la Justicia, porque no me canso de leer fallos machistas de jueces que desconocen cuáles son las características de la violencia de género en una relación de pareja. Un libro para trabajar en las escuelas, en la prevención de los noviazgos violentos; para que, como sociedad, también podamos hablarlo más; un libro como herramienta, que sirva como formación de otros profesionales que intervienen en estos casos.
-¿Cómo comenzaste a interesarte por cuestiones de género? ¿Se dio de esa manera o vos buscaste involucrarte en estos temas?
-Empecé a tocar temas sociales, empecé a involucrarme con temáticas de género, hace más de 10 años, temas que tenían que ver con derechos de las mujeres. Y me encontré con problemáticas como el aborto, la trata y violencia de género. Este es un recorrido que fui haciendo a partir del interés que tenía de visibilizar la vulneración de derechos de las mujeres en la Argentina. Paralelamente, era una temática que me era muy sensible, porque mi madre, Marisú Devoto, fundó hace más de 20 años en el sur del conurbano una fundación que se llama Propuesta, atendiendo a víctimas de violencia de género. Entonces, era una temática que me era sensible por las historias que traía a casa mi mamá, mujeres que son maltratadas durante años y demoran en pedir ayuda, que aun separándose siguen siendo hostigadas, maltratadas, y no sólo por su pareja sino por el sistema judicial, por la Policía, por las dependencias del Estado que no logran protegerlas a tiempo.
-En una parte del libro, hablás de mitos y prejuicios en torno a violencia de género. ¿Cómo te parabas vos, antes de comenzar a investigar, frente a esos mitos? ¿Tenías algunos de esos prejuicios?
-Yo hace mucho tiempo que vengo estudiando este tema. Pero a partir de que encaro la investigación para este libro, me volví a hacer las preguntas más básicas y esenciales: ¿por qué una mujer aguanta tanto tiempo la violencia? ¿Por qué los hombres son violentos? ¿Hay una característica particular en las mujeres que padecen violencia o cualquiera puede padecerla? Estas son las preguntas básicas que hago en este recorrido, pero también abordo prejuicios que sigo encontrando en conversaciones coloquiales entre gente de los vínculos sociales amistosos, que no son personas especializadas en el tema, y que, por ejemplo, dicen "eso pasa mucho entre los pobres"', como si la violencia fuese una cuestión de estrato social.
-Pareciera que a más igualdad de derechos que vamos conquistando las mujeres, hay más violencia de género ¿Crees que es así o lo que sucede es que se denuncia más?
-Hay dos cuestiones. Una, no podemos saber si hay más violencia en las relaciones de pareja, porque no hay estudios como para compararlos. Lo que sí podemos decir es que año a año aumentan las denuncias, eso es una constante. Esto nos puede hablar de que se conoce más, se habla más y las mujeres han tomado mayor conciencia de que deben salir de esas relaciones y pedir ayuda prontamente. Porque también podemos pensar que hay lugares para denunciar y que puede haber respuestas efectivas para protegerlas, aunque no siempre ocurra.
Lo que sí, y esto es una hipótesis que coincide un poco con tu mirada, creo que hay una exacerbación de la violencia y del machista. Y esto lo vemos con estos casos tremendos que se repiten cada semana de mujeres que son quemadas. Antes no se veía esto, y ahora vemos como expresiones de esta violencia machista que toman esta forma más brutal, de mayor barbarie. Cualquier femicidio es repudiable, pero en estos casos de mujeres quemadas... las queman como pasto, como quemaban a las mujeres en la Edad Media por su sabiduría.
Lo que no tenemos que dejar de observar y señalar es que la violencia de género en una relación de pareja surge a partir de un caldo de cultivo que es la discriminación de las mujeres histórica en la sociedad y que esto habilita a que algunos hombres consideren a sus parejas como parte de sus posesiones, y esa la posesión es la que fundamenta estos vínculos violentos.
-A pesar de los avances que se lograron, todos los días se conoce un caso nuevo de violencia de género. ¿Dónde crees que hay que profundizar para desterrarla?
-Se ha avanzado muchísimo, si comparamos con un punto de inflexión como fue el femicidio de Alicia Muñiz a manos de Carlos Monzón, en 1988, donde en ese momento no se hablaba de violencia doméstica, sino que era un conflicto de pareja y privado. Pero falta, falta mucho, falta un plan nacional de prevención, sanción y erradicación de la violencia hacia las mujeres que articule políticas a nivel nacional con las provincias y los municipios. Falta que la incorporación de la perspectiva de género en la Justicia sea un estándar de calidad de Justicia y no una alternativa de si un magistrado se quiere capacitar o no. En este sentido, la doctora Carmen Argibay inició un camino enorme desde la Oficina de la Mujer promoviendo talleres de capacitación en la incorporación de la violencia de género y del delito de trata. Pero son talleres optativos, no son obligatorios, entonces ahí vemos una deuda. Estos fallos machistas que observamos, tienen que ver con jueces y juezas que no entienden de qué hablamos cuando hablamos de violencia de género en una relación de pareja, que todavía tienen el prejuicio de descreer de la palabra de la mujer.
Necesitamos políticas integrales, en todo el país. Que haya un protocolo de atención, que haya refugios oportunos y en todo el territorio para que las mujeres en situaciones extremas tengan adonde ir, que haya subsidios para que puedan tener independencia económica, si eso es lo que las limita para salir de una situación violenta.
Y también falta trabajar desde los medios de comunicación, desarmando los estereotipos de género, trabajar en las escuelas para fomentar relaciones democráticas entre varones y mujeres para prevenir los noviazgos violentos. Por eso hablo de un plan integral, porque las patas son varias y tienen que ir articuladas y pensadas en términos federales, para que no suceda que la mujer tenga ayuda según el lugar del país donde esté.