La participación política se reduce a una expresión de intereses personales donde las eventualidades del poder de consumo ganado o perdido determinan quién gobierna
Hace poco el Politólogo Fabián Echegaray en el portal digital de mayor lectura de habla hispana sostenía: "Con las elecciones se reanima el debate sobre cómo explicar los resultados y principalmente qué relación guardan las experiencias económicas personales con esa forma de participación política que es el voto. Esa tradición propone rótulos y conjeturas conocidas. El llamado 'voto castigo', por ejemplo, siempre supuso una punición anclada en la insatisfacción financiera de los electores. El 'voto cuota', por otro lado, fue su contra-reflejo: la premiación a partir de una experiencia de mejora material y la inclinación a evitar cualquier riesgo para ese bienestar alcanzado".

La participación política se reduce así a una expresión de intereses personales donde las eventualidades del poder de consumo ganado o perdido determinan quién gobierna.

El ciudadano y el consumidor aparecen dialogando fluidamente en esas interpretaciones que políticos, encuestadores, analistas de coyuntura, científicos sociales y el argentino promedio hacen eco sin muchos problemas.

Curiosamente, la mayoría de estos mismos actores se resisten a admitir una convergencia entre consumo y ciudadanía cuando piensan sobre la movilización política fuera del terreno electoral. Consumo y ciudadanía son propuestos como territorios antagónicos, el primero de los intereses privados, materiales y egoístas; el segundo de los intereses públicos, colectivos y anclados en valores. A pesar de la desmentida de esa supuesta incompatibilidad que la popularidad del voto económico representa, casi por inercia se niega la posibilidad de que el consumidor pueda estar ejerciendo un papel de ciudadano desde sus relaciones con marcas y productos.

Quien boicotea a una organización porque sus acciones ofenden sus valores políticos o su visión del bien común, usando su soberanía consumidora, participa como consumidor político. Quien recompensa una organización porque se identifica con sus principios o entiende que ella impacta favorablemente los intereses colectivos también actúa como consumidor político. En una línea con algunas coincidencias pero con su apropiada lectura de los acontecimientos nacionales en primera persona, el prestigioso consultor político Jorge Giacobbe, sostiene que la aparición del 'autoservicio'; mutó definitivamente el modo de comprar y consecuentemente el modo de votar en nuestro país (y en otras latitudes) sobre todo en las mujeres.

Según su análisis, la posibilidad de elección dentro de la variedad exhibida en la góndola ofreció un universo de posibilidades que inevitablemente fue trasladado a otros ámbitos de elección como son el caso del voto político.El consumidor pasó de solicitar un producto al almacenero (un kilo de yerba, un kilo de arroz, dos kilos de azúcar) que era quién le decidía que marca le entregaba; a elegir los productos ofrecidos y exhibidos en la góndola. Esa experiencia de pedir solo el producto y que sea otro quién determine la marca; a un universo muy superior de diversas marcas con modalidades y características distintas; otorgó un marco de libertad cultural de las mujeres primero y las familias después, que se apropiaron definitivamente. Como sucedió con el 'autoservicio' en el consumo sucedió en la política. Ya no era el Jefe de familia, quién decía a quién votar, ni tampoco el mandato de identidad heredada, sino que en un marco de mayor opción cada uno elige según sus propias visiones, así conviven en la misma familia votos muy diversos.

El voto, entonces, resultó mucho más fluctuante, y la misma sociedad puede votar en diversos sentidos, como sucedió en el 2.011 en Capital Federal con la elección para presidente y de Jefe de Gobierno de la Ciudad en fechas contemporáneas y con sentido ideológico en apariencia contradictorio. El voto 'cautivo' ya pertenece a sectores minoritarios de la sociedad y gana espacio el voto decidido por multiplicidad de factores y de mayor margen de libertad.

Como fuera, el día de hoy, millones de argentinos votaran a sus legisladores: a nivel Municipal, Provincial y Nacional. En cada elección a pesar que en muchos casos se presentan agrupados (lista sábana) determinaran quienes los representan. Un sano consejo es que si ya decidió a quién votar a nivel nacional, se fije hoy mismo quién encabeza la lista provincial y municipal de ese y otras listas. Anotado los 4 o 5 apellidos puede ponerlos en google y ver qué hay de cada uno. Conozca a quienes va a votar, googlee a su candidato, a los que resultarán favorecidos con su decisión. Es mejor votar que comprar, porque el sistema democrático requiere del voto de los ciudadanos. Pero en las compras existe la garantía por fallas del producto, en cambio en el voto, si luego no está conforme, tendrá que esperar al menos hasta la próxima elección.

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