Foto: Martín Di Maggio / Diario PopularEse océano de cuerpos se cruzaba, se sonreía, se abrazaba, se presentaba, se conocía, se daba aliento, se contaba sus historias.
Se respiraba aire fresco, a pesar del amontonamiento. Una bocanada esperanzadora que despabilaba, que mostraba que todos estábamos en el lugar correcto, en el momento indicado.
"Espero que se le destapen los oídos a muchos y que tomen conciencia de que la mujer no es un objeto", dice Liliana, quien desde Floresta se plantó en la marcha, sola, aunque su marido "siempre ha sido un amor conmigo".
Fue por solidaridad con todas las mujeres, destaca. Foto: José Brusco / Diario Popular
Un poco más allá hay otra Liliana. Esta es de Villa Bosch. Llegó "solita" a Constitución y le preguntó a unas mujeres identificadas con una especie de escarapela del #NiUnaMenos cómo llegar al Congreso. Con esta Liliana, su marido no fue un amor. 34 años estuvo casada. Soportó maltratos, golpes, violaciones por sus hijos. Hace tres años que él ya no vive con ella, pero el martirio sigue. La acosa, la amenaza, la golpea.
Terror tiene Liliana. Se le nota en los ojos verdes, prolijamente maquillados, que a cada palabra se le humedecen. Muy linda es Liliana. Y tan
bien vestida, que ningún prejuicioso podría adivinar que ella es una víctima más de la brutalidad, del machismo.
Una hoguera casera estalló en chispas y finiquitó a un muñeco inocente que simbolizaba al culpable hombre maltratador, violador, asesino.
"Uno menos", gritaban, desaforadas, en tetas y con el cuerpo escrito con letras feministas, un grupo de mujeres que rodeaban el fuego a los saltitos, como indiecitas. Pegadita al ritual quedó la ambulancia del SAME, casi flotando en un humo denso y oscuro.
Temprano se puso el sol, como respetando este otoño mentiroso, y entonces el lila que bañaba el Congreso se volvió más nítido, más violeta.
La parte "formal" del #NiUnaMenos fue un acto breve, pero nadie parecía querer irse. Todos (o casi) seguían ahí, respirando, l
lenándose los pulmones de esa ventisca que se mezclaba con el aliento a cigarrillo, a porro, a choripán, a cerveza. "Ojalá haya otra", dijo una chica acomodándose la mochila y guardando el termo. Ojalá haya otras, muchas más marchas. Y ojalá sean menos las muertas por las que vamos a marchar.