Desde 2008, los pobladores de ese barrio de la localidad de Pablo Podestá comenzaron a verse afectados por el polvo de cemento y cal que se esparcía sobre sus hogares, al punto de no poder abrir las ventanas para la ventilación de los mismos.
A su vez, los vecinos debieron tolerar a toda hora ruidos molestos provenientes de las maquinarias para el funcionamiento del obrador, como así también por la entrada y salida incesante de camiones al predio.
”Marzo de 2017 será recordado como el mes en el que se logró uno de los objetivos más importantes que el barrio tenía desde su nacimiento y construcción, hasta la actualidad. Sólo los vecinos lindantes al obrador saben lo que significa no volver a tenerlo cerca”, afirmaron los pobladores de Altos de Podestá, quienes soportaron el funcionamiento de una empresa fabricante de cemento, por la proximidad de sus instalaciones a las viviendas de las manzanas 54, 53, 52, 57, 75, 78, 70 y 90.