En 1945, el fin de la Segunda Guerra Mundial, rediseñó el mapa mundial. Estados Unidos, Inglaterra y la Unión Soviética labran los acuerdos de Yalta y Postdam e inauguran una nueva etapa de la historia contemporánea con una potencia hegemónica sobresaliente.

Estados Unidos pone en marcha su “Plan Marshall” para reactivar la economía europea que, en su región oriental queda bajo la influencia de Moscú con Alemania partida. En Asia, los dos países más poblados del mundo viven transformaciones decisivas: la India se independiza de Gran Bretaña y China concreta una revolución social. Para Latinoamérica, África y el Cercano Oriente la crisis de posguerra se convierte en oportunidad: muchos se lanzan a proyectos de relativa autonomía e independencia.

El ascenso del peronismo al poder y su régimen nacionalista-populista, entonces, debe comprenderse como otro emergente de un proceso común en lo que luego se llamaría “Tercer Mundo”. El régimen de Mosaddeq en Irán que nacionaliza el petróleo, el nasserismo en Egipto y la independencia de muchas colonias africanas, como el Congo y Argelia, son otras expresiones de ese espacio abierto en el mundo de los años 40 y 50.

El APRA, el varguismo y el PRI, los antecedentes

El ascenso de Cuauthémoc Cárdenas a la presidencia de México, la lucha de Augusto Sandino en Nicaragua y la fundación del APRA (Alianza Popular Revolucionaria Americana) en Perú son fenómenos que distinguen al proceso latinoamericano. El ascenso del nacionalismo coincide con el agotamiento de la política norteamericana del big stick (gran garrote) de Theodore Roosevelt y el reemplazo por un estilo menos intervencionista y más aislacionista que imponen su primo Franklin D. Roosevelt y el presidente Thomas W. Wilson en la década del 20.

En Centroamérica, el “patio trasero” de los Estados Unidos integrado por aquellas repúblicas bananeras digitadas por la United Fruit Co., la defensa de la soberanía nacional y la cruel explotación a que se sometía a los trabajadores rurales, motiva la adopción de métodos más radicalizados: Sandino, recurre a la lucha armada; Estados Unidos interviene con tropas y “el general de los pueblos libres” es ejecutado en 1934. Anastasio Somoza asume como presidente en 1937 y su dinastía familiar gobernará el país dictatorialmente hasta 1979.

La revolución mexicana desarrollada en la década del 10 queda, de algún modo, congelada: no concluye ni en el reparto de tierras, ni la instauración de un gobierno democrático. Hacia 1934, llega al poder el general Cárdenas que expropia tierras y reparte más de 20 millones de hectáreas, legisla en acuerdo con la Confederación de Trabajadores Mexicanos, crea organizaciones de protección a los indígenas y el 18 de marzo de 1938, nacionaliza el subsuelo mexicano expropiando diecisiete compañías petroleras extranjeras. Su sucesor, Ávila Camacho, continuará con una orientación similar fundando el PRI, Partido Revolucionario Institucional, que ejercerá el poder durante todo el resto del siglo.

Haya de la Torre, es otro paradigma: en 1924 funda el APRA y aglutina y moviliza a variados contingentes sociales detrás de un programa nacionalista y antiimperialista. Se considera al APRA, junto con la UCR, como los primeros partidos de masas de Latinoamérica. Aunque no gobernará efectivamente hasta 1945, la presencia política del APRA y de su líder fue decisiva en toda la región. En Chile, intentos de una política similar fueron hechos, entre 1920 y 1940, por los presidentes Arturo Alessandri y el teniente coronel Carlos Ibáñez del Campo.

En el país más grande del subcontinente, Brasil, esa orientación nacionalista tomó un sesgo especial: entre 1923 y 1924, Luis Carlos Prestes encabeza la “insurrección de los tenientes” y asume el poder. Pero en 1930 es derrocado por un golpe de Estado que lleva al poder a Getúlio Vargas que estará en el gobierno hasta 1945. Desde 1937, da forma al “Estado Novo”, de corte totalitario y de perfil nacionalista. En 1950 Vargas es electo presidente constitucional por el Partido Laborista y tiene fuertes enfrentamientos con la oligarquía y el ejército. El líder brasileño cultivó una fuerte amistad con Justo, en los años 30 y con Perón, durante su presidencia. Se suicidó en 1954.

Cuando el 17 de octubre de 1945 las masas obreras ganaron la calle con el reclamo de “¡Queremos a Perón!”, sumaron su voz, en este rincón del continente, a un fenómeno en desarrollo en muchas otras latitudes. Las “tres banderas” del justicialismo, por lo tanto, se cruzarán, como anhelo de justicia y reparación social, con la de muchos otros pueblos americanos.

Ricardo de Titto - Historiador, autor de "Breve historia de la política argentina"

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