Una lesión le cambió la vida y una abuela muerta le anticipó la gloria. En su primer Superclásico fue la figura y se cumplió lo que le dijo una bruja hace años cuando estaba por dejar el fútbol: su mejor momento iba a llegar después de los 30. El arquero disfruta de aquel presagio, mientras se consagra en River

El 18 de julio de 2012, Franco Armani se acercó a Juan Osorio, entrenador de Atlético Nacional de Medellín, y le dijo que se quería volver. Volver para jugar en Deportivo Merlo. Hacía dos años que estaba en el club y seguía siendo el segundo y muchas veces el tercer arquero del equipo. El entrenador le respondió que luego del partido que estaban por disputar le contestaría.

La noche del 19 de julio jugaron contra Junior de Barranquilla y el argentino Gastón Pezzutti, arquero titular, se desgarró. Armani ingresó a los 11 minutos de juego. Ganaron 3 a 1 pero terminó el partido con los ligamentos cruzados rotos. Festejó llorando de dolor. Esa lesión cambiaría su destino porque luego supo que el entrenador le iba a dar vía libre para que regresara a Deportivo Merlo, donde había ascendido y dejado su mejor versión.

Todo fue así para Armani. En Estudiantes, donde se inició, no pudo debutar porque siempre tenía a Mariano Andújar adelante. Entonces lo cedieron a Ferro a préstamo, pero casi no jugó (apenas 3 partidos en dos años y mil problemas para cobrar). Por eso seguía viviendo en la pensión del club Pincha en La Plata. “No tenía ni para alquilar, ni para comprar un auto”, contaría después Armani. Sus ganas de atajar lo desbordaban y decidió no volver a Ferro y aceptar la posibilidad de jugar en Deportivo Merlo. El Charro y Felipe de la Riva le dieron el primer empujón, y luego del ascenso al Nacional B, en una promoción contra Los Andes, Armani pudo tener su primer auto y un poco de paz. Fue la figura de ese ascenso.

Epica triple atajada Franco Armani que valió una Copa Libertadores

En medio de la pretemporada, a mediados de 2010, Atlético Nacional jugó en el Hindú Club un amistoso contra Deportivo Merlo: empataron 1-1 y Armani se atajó todo. A las pocas semanas, él estaba en Medellín.

Pero el salto, al principio, pareció ser al vacío y al aburrimiento. “Estaba de turista ese primer año, atajaba poco y nada, a veces en la Copa Colombia y encima el día que debuté fuimos a una tanda de penales, no atajé ninguno y perdimos”, recordaría con el tiempo. Cada vez que volvía al país, lo asaltaban las ganas de quedarse. Pero su familia lo convenció de no bajar los brazos. Cuando se rompió los ligamentos y no pudo volver a Merlo, la angustia y la tristeza se apoderaron de él. La recuperación se le hizo eterna y no tenía ganas de nada: ni siquiera de visitar al médico.

Armani se refugio en una iglesia evangélica. Su cable a tierra -o al cielo- fue el predicador de un templo al que concurría dos o tres veces a la semana. El que no creía en nada devino en ferviente seguidor de Dios. Pero con el fútbol las cosas seguían mal. Por eso, una tarde lo llevaron a ver a un canalizador de ángeles de la ciudad de Medellín para que hablara con algún familiar muerto. Aquella “canalizadora angelical” tomó la voz de su abuela y le dijo que la gloria en el fútbol le llegaría pronto, a los 28 o 29 años, que tuviera fe. Armani se fue de ahí creyendo, no quería reventar. La “medium” y su abuela le anticiparon el futuro.

Las grandes atajadas de Franco Armani con Deportivo Merlo

Cuando en 2013 volvió a jugar, el nivel que agarró fue sorprendente y la dirigencia le hizo otro contrato por tres temporadas. Ese año, el 2 de junio, ante Cúcuta, en su segundo juego tras la lesión, atajó un penal y fue la figura de la cancha. Ya no volvería a salir del arco. De golpe, empezó a ser ídolo. Luego vendría el tricampeonato, los penales atajados y el cumplimiento de lo que le había dicho su abuela con un canalizador de ángeles: la gloria deportiva. La Copa Libertadores del 2016 y el subcampeonato de la Sudamericana ese mismo año lo llevaron a la cumbre del fútbol sudamericano.

Lo que siguió fue el deseo de Marcelo Gallardo de tenerlo en River. Corría 2016. Pero Armani prefirió esperar un tiempo más. Ahora hubo otra chance y esta vez no la dejó pasar, al punto que él mismo pidió salir de un lugar donde quieren hacerle un monumento. Es que es el año del Mundial de Rusia y la llave del arco de River aumenta las posibilidades reales para Armani. Quizá por eso cuando José Pekerman quiso nacionalizarlo colombiano se negó: sabía que el tiempo lo pondría en un lugar más acorde a sus sueños. Ahora prepara las valijas para ir a hacer la pretemporada con el Millo, y sólo Dios sabe cómo seguirá esta historia de creer o reventar.

Todos los penales atajados

LOS NÚMEROS DE ARMANI

14 son los títulos que consiguió Armani, todos en Atlético Nacional.

335 partidos oficiales tiene en Ferro (3), Deportivo Merlo (83) y Atlético Nacional (249).

3,8 millones de dólares desembolsó River por la cláusula de salida.

5 son los clubes de Armani: Estudiantes -no jugó- Ferro, Merlo, Atlético Nacional y River.

11 años lleva Armani jugando en primera desde su debut en 2007, en Ferro.

1046 minutos sin que le conviertan goles llegó a sumar el 2 de octubre de 2013

Las mejores atajadas de Franco Armani Atlético Nacional

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