El escándalo desatado por la foto del festejo del cumpleaños de Fabiola Yáñez en Olivos caló hondo y el propio presidente Alberto Fernández lamentó lo ocurrido.

“Ellos siempre hacen lo que quieren, pero nosotros no. Nosotros estábamos encerrados, pero ellos festejaban cumpleaños y todo”. La frase es textual y se la dijo el encargado de un edificio del barrio de Martínez a su colega del edificio de al lado, mientras ambos barrían la vereda. Así de hondo caló el escándalo desatado por la foto del festejo del cumpleaños de Fabiola Yáñez en Olivos en julio del año pasado, cuando todo el país cumplía una cuarentena estricta. Tan hondo caló el escándalo, que fue el propio Alberto Fernández quien tuvo que salir a pedir disculpas. “Lamento lo que ocurrió. No va a volver a ocurrir”, aseguró.

Sin embargo, fue un pedido de disculpas relativo. Porque el presidente no se hizo absoluta y totalmente responsable del festejo del cumpleaños número 39 de su mujer. En parte, responsabilizó a la propia Fabiola. “Durante toda la cuarentena yo me quedé en Olivos, que se convirtió como en una ciudad. Y el 14 de julio, día del cumpleaños de mi querida Fabiola, ella convocó a un brindis, una reunión con sus amigos que no debió haberse hecho, y que lamento que haya ocurrido”, resumió el presidente en su descargo. Y agregó: “Debí haber tenido más cuidados que no tuve”.

En su discurso, el presidente no precisó si los cuidados a los que se refería eran el uso del barbijo o el distanciamiento social para evitar contagiarse de Covid19, o si se recriminaba no haber sido más cuidadoso para evitar que las fotos del cumpleaños de Fabiola salieran a la luz y se hicieran públicas, provocando un escándalo sólo equiparable al “Vacunatorio VIP” a sólo cuatro semanas de las PASO.

En cualquier caso, el reclamo de más cuidado ya se había escuchado en los pasillos de la Casa Rosada, donde ministros del propio gabinete se quejaron del escándalo desatado por el festejo de cumpleaños de la mujer del presidente, justo en la semana en la que el primer mandatario se había puesto la campaña electoral al hombre. “Y el mismo día en que se va a encontrar con su par de Uruguay para amigarse”, señaló un funcionario gubernamental que pidió que se nombre se mantuviera en reserva.

El fuego amigo estuvo a la orden del día. Incluso hubo quienes cuestionaron la figura de la propia Fabiola y se atrevieron a sugerir que Alberto Fernández está frente a un “enemigo involuntario”. Se referían, claro está, que la poca experiencia política de la mujer del presidente la llevó a cometer errores basados en su “ingenuidad”. Como organizar un festejo de cumpleaños en el que 12 personas se reunieron a comer y brindar sin respetar ningún distanciamiento social, cuando el país entero cumplía un aislamiento severo dispuesto por su propio marido, el presidente de la Nación.

“Néstor decía que somos hombres y mujeres comunes con responsabilidades importantes”, dijo Alberto Fernández al comienzo del discurso en el que “lamentó” que hubiera ocurrido aquel festejo de cumpleaños. Y añadió: “Lo lamento también por las familias de quienes se vieron afectados, porque cuando uno está en política también lastima a los seres queridos que tiene alrededor y que padecen mucho por eso”.

En este caso, el golpe lo sufrió el Gobierno entero, por un desliz que el propio presidente permitió, aunque al pedir disculpas haya señalado —indirectamente— a su mujer. Pero hubo muchos argentinos más que se vieron afectados, aquellos que no pudieron acompañar a sus seres queridos en la enfermedad o que, incluso, tampoco pudieron despedirlos. A esos argentinos, cualquier persona común con responsabilidades importantes les debe una disculpa.

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