Un virus tan contagioso como el que se ha transformado en pandemia encuentra en áreas atestadas de gente un caldo de cultivo aterrador. Es el gran temor de un gobierno que ha decidido soslayar en esta crisis los efectos que las medidas extremas tendrán sobre la economía

"Hoy el mundo nos toma de ejemplo", dijo el viernes el ministro de Salud, Ginés González García, atento a que la Argentina fue elegida por la Organización Mundial de la Salud como uno de los diez países para realizar ensayos para la cura del coronavirus. Lo cierto es que el ministro -al que siguen facturándole haber minimizado no hace mucho tiempo el impacto del coronavirus en la Argentina- está satisfecho de que su gobierno haya decidido priorizar a la salud por encima del resto de las prioridades en el marco de la presente emergencia. En un futuro mediato se verán los resultados y las consecuencias.

El mundo podrá tomarnos de ejemplo en muchos sentidos. Casi podría decirse que ningún otro país adoptó medidas tan extremas con tanta antelación, cuando el verano ni siquiera había terminado formalmente y el calor aún está entre nosotros. Pero también es cierto que la enfermedad ya se ha esparcido por todo el planeta y sobran los dedos de una mano para enumerar los países donde no se conocen aún casos. Y que la realidad de la Argentina, pero también de la región, es muy distinta a aquella donde el virus ha causado más daño.

Porque si bien China es el país más densamente poblado del planeta, no hay punto de comparación con los asentamientos que se esparcen por los lugares más humildes de nuestro país. Y de la región. Las villas son un fenómeno que no se replica en Europa, donde el coronavirus se ha establecido con mayor profundidad que en China, donde se originó. La pobreza europea se verifica de manera distinta al extrapolar hacia nuestra región. De qué manera puede impactar una enfermedad con tal nivel de contagio en los asentamientos de nuestro país es todo un dilema.

Es la razón del principal desvelo del gobierno nacional: el oceánico conurbano bonaerense. Allí donde se asienta el 38,9% de la población argentina y donde se ha evidenciado el menor nivel de cumplimiento de la rigurosa cuarentena obligatoria. En rigor, donde mayor impacto se espera vaya a tener esta enfermedad es en el AMBA. Previsiblemente así lo anticipan los datos diarios que detallan el número de infectados. El viernes, por citar un día reciente, el 78% de los nuevos casos correspondían a Capital Federal y provincia de Buenos Aires.

La preocupación que tiene el gobierno nacional por lo que pueda llegar a suceder en las villas se reflejó en la prolongada reunión que mantuvo el Presidente esta última semana en Olivos con los curas villeros. Encuentro que se complementó este sábado con otro que mantuvo con el Grupo de Curas en Opción por los Pobres. Más allá de cierta afinidad política con ambos sectores, el interés oficial radica en la cercanía que los religiosos mantienen con un sector de vulnerabilidad extrema en esta crisis sanitaria. En ambas reuniones estuvo presente Máximo Kirchner, particularmente preocupado por el impacto de esta emergencia en las zonas más populosas. Al punto tal que de Olivos se fue luego con algunos sacerdotes a recorrer asentamientos de la zona de Quilmes.

Ese distrito de la tercera sección electoral es gobernado por Mayra Mendoza, una de las camporistas más cercanas a los Kirchner, y por consiguiente quien recibe mayor atención de una parte importante del gobierno nacional y sobre todo el provincial. Privilegio que despertó cierto enojo en algunos intendentes, siempre sensibles a la falta de atención hacia ellos que suelen endilgarle por lo bajo al gobernador. Aflora en esta crisis también su histórica desconfianza con las organizaciones sociales, y por eso los jefes comunales están muy atentos a la ayuda oficial que pueda derramarse a través de las mismas en sus municipios.

La consigna de todos es que en esta crisis la asistencia baje de modo uniforme y simultáneo, sin privilegiar a nadie en particular, para evitar así el desplazamiento de los beneficiarios.

La extensión del aislamiento social era un secreto a voces desde hace días. De hecho, se pensó que así sería desde que el gobierno puso como fecha límite el 31 de marzo. No obstante el anuncio oficial bien cercano a esa fecha tiene sentido, cuando esta emergencia es un "día a día" constante. Para adoptar la decisión, el Presidente se basa estrictamente en las indicaciones del equipo de epidemiólogos y sanitaristas que lo asisten. Ya ha dicho que tiene decidido privilegiar la salud por sobre los efectos que la cuarentena pueda tener sobre la economía. Actitudes diametralmente opuestas como la de Jair Bolsonaro sirven para acentuar en Alberto Fernández esa postura.

A propósito, la expansión del virus en Brasil es una verdadera bomba de tiempo que no solo perjudicará a Bolsonaro cuando estalle: una exponencial proyección de la pandemia en el país vecino puede derramar en toda la región, particularmente en nuestro país. Si hay fronteras que habrá que vigilar especialmente serán las comunes con nuestro socio principal.

Pero ya hay quienes advierten sobre las consecuencias económicas tanto o más graves que tendrá en la Argentina una prolongación de la cuarentena. Si bien ha habido medidas puntuales, el equipo económico se ha mantenido en un segundo plano en esta coyuntura. Más atento al problema de la deuda -que fue en definitiva para lo que lo fueron a buscar- Martín Guzmán ha participado de conferencias de prensa en las que solo abre el juego para que expongan sus colegas. Lo suyo sigue siendo la deuda, que de ser el principal foco de atención desde el día 0 de esta administración, ha pasado a un deliberado segundo plano. Un eventual default ya no es una hipótesis tan rechazada en la Rosada como era en un principio, atento además a que podría justificarse de manera más genuina; y además sus consecuencias son más difusas, habida cuenta de que el mundo que viene será otro.

Pero es aquí donde los economistas vuelven a reclamarle al gobierno un plan económico. Que se adapte a estas circunstancias, y que atienda una coyuntura que representa una cuenta regresiva para la mayoría de los sectores que dan trabajo. El economista Fausto Spotorno debería ser escuchado cuando advierte que con 30 días más de cuarentena, la mayoría de los comercios que hoy están cerrados ya no volverán a abrir. Reconoce al mismo tiempo que la única buena noticia de este futuro inmediato es que abril es un mes en el que las arcas oficiales podrán contar con los beneficios de la cosecha gruesa, una de las actividades que han seguido funcionando, más allá de los cortes de camino que algunos intendentes han instrumentado de manera inconsulta e ilegal.

Pero el parate tendrá efectos devastadores en una economía que ya venía en terapia intensiva. Y se requieren medidas urgentes, pues esta semana habrá que pagar sueldos. El gobierno ha optado por sugerir a los bancos otorgar créditos al 24% a las pymes, para afrontar esas obligaciones. No pareciera ser el mejor camino; más expeditiva sería una resolución del gobierno que dispusiera ampliar el descubierto -triplicarlo, o cuadruplicarlo, por lo menos-, de modo tal de posibilitarle a las empresas afrontar sus obligaciones habiéndose sacado un gran peso de encima. Por el contrario, la indefinición no hace más que efectivizar eso que ya ha ocurrido: el corte de la cadena de pagos.

En su estilo habitual, el economista devenido en político José Luis Espert cargó contra los bancos. Conocedor del paño, afirmó que "los bancos no están haciendo nada. Hoy no te dan un mango, vas a pedir plata para pagar sueldos y te revisan hasta si tenés caries. Tienen que entender que es una situación de crisis. Y el Banco Central tiene que meterse ahí. No solo la cuarentena es emergencia, también la economía".

Paradoja del destino, hoy todo el Poder Ejecutivo aparece sometido a las decisiones del área Salud. De hecho, luego del aquelarre que supuso el viernes el pago de planes y asignaciones en el Conurbano, varias entidades bancarias y las cámaras del sector, como así también la ANSeS, pidieron autorización para reabrir en los próximos días para proceder al pago de jubilaciones y asignaciones. La respuesta del Banco Central fue negativa, pues prioriza las directivas del Ministerio de Salud, contrarias a cualquier relajamiento del aislamiento.

Con la suba de su imagen que se evidencia en el alto raiting que generan sus apariciones televisivas, el presidente Alberto Fernández ha dicho en este contexto que "entre la economía y la vida, elijo la vida", y resulta difícil cuestionar tal disyuntiva. Pero las consecuencias sobre la salud de los argentinos que puede provocar un derrumbe de la economía son aterradoras. La respuesta oficial a este interrogante se apuntala en la máxima imperante que es priorizar el día a día. Es que el miedo que genera esta pandemia ha hecho desaparecer el futuro; en esta emergencia lo único que interesa es el presente.

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