
Robos violentos, balaceras y emboscadas se repiten a cualquier hora. Conductores de viajes, delivery y reparto denuncian que salir a trabajar se volvió una ruleta mortal. Un problema en aumento.
Asaltos, balaceras y ataques a cualquier hora contra conductores de aplicaciones encendieron una señal de alarma en el Área Metropolitana de Buenos Aires, donde trabajar con plataformas de viajes, delivery y reparto de paquetes se volvió una actividad de alto riesgo. De acuerdo con relevamientos de fiscalías del AMBA, ya se registran más de 100 hechos delictivos diarios vinculados a choferes de apps, una cifra que expone la dimensión del problema y la sensación de desprotección.
Según pudo averiguar Diario Popular, en los últimos meses se multiplicaron los ataques armados contra conductores de Uber, Didi y Cabify, pero también contra repartidores de comida de Pedidos Ya o Rappi y mensajeros que trasladan paquetes de Mercado Libre u otras plataformas.
Los episodios incluyen amenazas con armas de fuego, golpes, disparos, vehículos robados y choferes heridos, mientras crece la angustia de las familias que ven cómo salir a trabajar implica exponerse a situaciones extremas.
Los hechos se repiten con un patrón cada vez más marcado. Pasajeros falsos solicitan viajes desde cuentas truchas, eligen recorridos cortos o zonas poco iluminadas y atacan al conductor en medio del trayecto o al llegar al destino. En otros casos, bandas organizadas simulan averías, piden auxilio o realizan pedidos de entrega a direcciones inexistentes para obligar al chofer a detenerse y robarle el auto, la moto, el celular y el dinero.
Uno de los casos más graves ocurrió en La Matanza, donde un chofer de una app de viajes fue baleado durante un asalto tras levantar a un pasajero que había solicitado el servicio desde una cuenta falsa. El conductor sobrevivió de milagro, pero perdió el vehículo y quedó con secuelas físicas y psicológicas. En otro hecho reciente, un repartidor fue golpeado y arrastrado varios metros luego de resistirse al robo de su moto, utilizada como herramienta de trabajo.
También se registraron ataques en la Ciudad de Buenos Aires. En barrios del sur porteño, choferes denunciaron robos reiterados bajo la misma modalidad, mientras que en el conurbano se investigan bandas que se dedican exclusivamente a emboscar conductores de aplicaciones.
En algunos episodios, los autos robados fueron encontrados incendiados horas después o abandonados tras ser utilizados para cometer otros delitos. La franja nocturna sigue siendo la más peligrosa, aunque los ataques ya no se limitan a la madrugada. Choferes advierten que los robos ocurren a plena luz del día, incluso en barrios residenciales y zonas comerciales muy transitadas.
Muchos trabajadores optaron por dejar de trabajar de noche, limitar horarios o directamente abandonar la actividad ante el temor de no volver a sus casas. Además del robo, la violencia escaló de manera alarmante. En varios episodios, las víctimas fueron golpeadas, amenazadas de muerte o baleadas aun sin oponer resistencia.
Repartidores de delivery relatan que los delincuentes buscan motos y celulares, mientras que los choferes de viajes son atacados para quedarse con el vehículo completo. Las plataformas recomiendan no aceptar viajes riesgosos, verificar calificaciones y evitar determinadas zonas, pero los choferes aseguran que esas medidas resultan insuficientes frente a delincuentes que conocen el funcionamiento de las aplicaciones y sus puntos débiles.
El impacto ya se siente en el servicio: hay menos autos disponibles en horarios críticos, aumentan los tiempos de espera y se reduce la cobertura en barrios enteros del AMBA. Los conductores reclaman mayor presencia policial, botones de pánico efectivos y controles más estrictos para usuarios y pedidos. Mientras tanto, cada salida a trabajar se transforma en una apuesta diaria. "Nunca sabés si volvés", repiten los choferes, convencidos de que el riesgo dejó de ser una excepción para convertirse en parte de la rutina.