El reciente robo al periodista Paulo Vilouta se suma a los arrebatos en las mesas que los bares disponen en las veredas del barrio de Palermo.

Una vez más, pareciera que un hecho de inseguridad cometido contra una persona notoria del espectáculo o de los medios logra visibilizar una problemática que es mucho más habitual de lo que trasciende, y que tiene que ver con los robos callejeros. Es lo que ocurrió días atrás en el barrio porteño de Palermo con el periodista Paulo Vilouta, quien en Twitter subió este mensaje: "¡Hermosa seguridad! Salgo del canal en Fitz Roy y Honduras y¡¡¡sorpresa!!! Y eso que en el piso teníamos hoy a @horaciorlarreta y me imagino que la Policía de la Ciudad en Honduras habrá estado atenta! No se nota..."

Vilouta había dejado estacionado su auto sobre la calle Honduras, entre Fitz Roy y Bonpland, y cuando regresó de participar de la emisión del programa "Intratables" notó que le habían roto el vidrio y le habían robado sus pertenencias.

Este es solo un episodio de lo que señala una nueva Encuesta de Inseguridad (E.I.D.B.A.), realizada por la ONG Defendamos Buenos Aires con la asistencia del Estudio Miglino y Abogados, según la cual las zonas de Palermo Hollywood y Palermo Soho han vuelto a convertirse en un lugar preciado para los delitos, toda vez que en los últimos seis meses hubo al menos 880 robos en el mítico barrio porteño, que algunos irónicamente bautizaron "Palermo Robo".

Los atracos, que por razones obvias habían disminuido durante la cuarentena más o menos estricta decretada por la pandemia, volvieron a ser frecuentes desde que los bares comenzaron la reapertura. Según dijo Javier Miglino, el titular de Defendamos Buenos Aires, "los asaltos que se cometen en esos espacios no paran de sumar hechos en esta lamentable estadística".

"Los ladrones se colocan junto a las mesas que por la pandemia de coronavirus se instalan sobre las veredas, de manera tal que la mujer tapa el accionar del hombre que aprovecha un descuido para robar lo que esté a mano: teléfonos celulares, billeteras, tablets, notebooks, y otros efectos personales", explicó el abogado y encuestador.

"El ladrón lleva un saco o campera doblado sobre el brazo y de ese modo tapa el botín. Una vez producido el robo se alejan de inmediato. Otra forma de robo es la rotura de cristales de los vehículos estacionados en la zona, tal como le pasó a Pablo Vilouta", dijo Miglino.

De acuerdo con los testimonios recogidos, no hay suficiente presencia policial en ese barrio. Miglino dice: "Hemos pedido una reunión urgente con el ministro de Seguridad y Justicia y vicejefe de Gobierno porteño, Diego Santilli, para instrumentar de inmediato un protocolo de actuación para la Policía de la Ciudad porque mientras la inseguridad crece fuerte en todos los barrios porteños, los policías brillan por su ausencia".

Y enfatizó que "el petitorio a Santilli se basa en el artículo 34 de la Constitución de la Ciudad que impone: la seguridad es un deber irrenunciable del Estado". "Una regla en la que sin duda todavía existe un déficit importante", consideró Miglino.

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