Dos hombres fueron condenados hoy a prisión perpetua por el crimen de un oficial de la Policía Metropolitana que en 2012 fue asesinado de tres balazos, delante de su novia, cuando intentaron robarle su auto en el barrio porteño de Caballito.
La sentencia fue dictada por Tribunal Oral en lo Criminal 16, que halló a Lucas Alberto "Lukita" Silvero y Luis Alberto "Guasón" Chávez responsables de "robo agravado por el uso de arma de fuego cometido en forma reiterada (dos hechos) en concurso real con homicidio agravado criminis causae".
Es decir, para los jueces Inés Cantisani, María Cristina Bértola y Javier González Ferrari el homicidio del oficial Carlos Alfredo Escobar (28) tuvo como fin ocultar el robo y lograr la impunidad.
De esta manera, la pena aplicada coincide con la que había solicitado el fiscal Fernando Fiszer en los alegatos del juicio, según informó la página web fiscales.gob.ar. Los fundamentos de la sentencia serán dados a conocer este 4 de abril a las 13.
En los alegatos del juicio, Fiszer sostuvo que estaba acreditado que el sábado 14 de abril de 2012, Chávez y Silvero -junto a otras personas- interceptaron con un Audi A5 negro a otro auto de alta gama en la intersección de la calle Belaustegui con la avenida San Martín.
Según el fiscal, Chávez se paró frente al vehículo con un arma de fuego en su mano, Silvero se acercó al conductor y los otros dos cómplices apuntaron a los acompañantes. Luego del robo, los imputados huyeron del lugar con el vehículo que utilizaron para encerrar al Volkswagen Vento en el que se desplazaban el policía Escobar y su novia.
"La maniobra se repitió: Chávez y Silvero bajaron del Audi, Silvero se colocó delante del auto de Escobar, mientras que Chávez se dirigió hacia el lado del acompañante", dijo Fiszer. Tras descender del auto, el policía de la Metropolitana intentó usar su arma, pero en ese momento, Chávez, Silvero y una tercera persona no identificada aún, dispararon al menos nueve balas, de las cuales tres hirieron a Escobar, quien murió en el hospital por hemorragias internas y externas.
Cuando fue asesinado, Escobar se desempeñaba en el área de la Superintendencia de Comunicaciones y había ingresado a la fuerza porteña en la primera promoción, en 2010.
Para Fiszer, quedó claro que, "en toda la secuencia, los autores llevaban armas de fuego con aptitud de disparo", y que no había dudas respecto a la intervención de Silvero y Chávez, como tampoco las había respecto a que "el teléfono sustraído en el hecho 1 apareció en el escenario del hecho 2".
El representante del Ministerio Público Fiscal también desacreditó los dichos de los testigos de la defensa, quienes intentaron ubicar en otro lugar a los imputados al momento del crimen.