Un grupo del Equipo Argentino de Antropología Forense está analizando el cuerpo, buscando evidencias que reafirmen una muerte violenta. El caso había sido cerrado en medio de irregularidades gravísimas.

Liliana Garabedián tenía 37 años cuando fue hallada muerta el 12 de diciembre de 2010, luego de permanecer desaparecida durante seis días, en un campo ubicado en las afueras de la capital de Catamarca.

Estaba desnuda. Madre de dos hijos de 8 y 4 años, atravesaba una separación "conflictiva". Los detalles de la previa de su misteriosa ausencia son, siempre que sean verdaderos, un manual de la violencia hacia las mujeres que rompen con el miedo y se deciden a luchar por sus derechos: fue a la casa de su cuñada a buscar a sus hijos, pero se los negaron, entonces terminó presa 16 horas en una comisaría y luego llevada a un hospital donde le dieron el alta aún cuando dijeron que sufría un brote de locura.

La única certeza de la historia es que tras el hallazgo del cuerpo, la justicia investigó poco y nada, intentando cerrar el caso como un insólito deceso por hambre y sed. Ni la familia, ni las amigas de la mujer creyeron en esa teoría, y apuntaron a un femicidio que buscó impunidad en el Estado. Tras varios años de lucha, los restos de la víctima fueron exhumados para ser analizados y así intentar determinar realmente cómo falleció.

Lola Carrizo se llama la madre de Liliana, que viajó desde el Conurbano hasta Catamarca para presenciar la exhumación de los restos de su hija, enterrada en el Cementerio Valle de Paz. La mujer fue una pieza fundamental en el pedido de justicia que ya lleva cinco años, logrando que la causa llegue a manos del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), conformado por un grupo de científicos que investigan violaciones a los derechos humanos, con un destacado trabajo en causas con desaparecidos bajo la última dictadura cívico-militar en Argentina.

"Saber qué pasó con mi hija es la respuesta que busco desde hace años", señaló Lola, en declaraciones al diario El Ancasti. La exhumación del cuerpo se realizó durante la mañana del martes y fue llevado a la morgue para un exhaustivo estudio forense, en el que los miembros del EAAF, Luis Alberto Bossio, Patricia Bernardi y Silvina Turner, intentarán obtener evidencias que le otorguen sustento a lo que se sospecha fue un homicidio agravado por un contexto de violencia de género (femicidio). De la secuencia participan, también, miembros del equipo del actual fiscal a cargo del expediente, Roberto Mazzuco, personal de criminalística y bomberos.

"Las esperanzas de encontrar algo son pocas, pero tenemos que hacerlo", fueron las palabras que escuchó Lola de parte de la antropóloga Turner, tal vez para no alentar demasiadas expectativas. La madre respondió: "mi hija hará el milagro".

Mientras se aguarda que la ciencia logre llenar los vacíos de una investigación pésima del primer fiscal Marcelo Jadel Sago, apoyada en graves irregularidades de la policía, la historia de Liliana y su final trágico se inicia con el matrimonio que contrajo con Roberto Alejandro Barros (que estuvo en la exhumación del cadáver de la madre de sus hijos junto a su nueva pareja).

En 2009, la pareja se mudó de Buenos Aires a Catamarca. El entorno de Liliana cuenta que sufría violencia de género, derivando en una separación, justo un mes antes de los hechos que culminaron con su muerte.

Liliana fue a buscar a sus hijos a la casa de su ex cuñada el sábado 5 de diciembre de 2010. Allí, diferencias por la tenencia de los niños se transformó en reclamo de la mujer, y fue supuestamente detenida por "lesiones" durante 16 horas en una comisaría común. El domingo 6 la llevaron presuntamente a un hospital, y en medio de lo que fue definido como un trastorno de personalidad, la dejaron ir.

El martes 8 el ex marido Barros hizo la denuncia por averiguación de paradero. Y el sábado 12 el cuerpo de la víctima fue hallado en un campo de la localidad de Nueva Coneta. Tiempos después, la causa fue cerrada como "muerte natural".

La pelea de Lola por saber la verdad no se detuvo. Amigas de Liliana se sumaron, removiendo cielo y tierra. Meses atrás, un informe del EAAF indicó que había evidencias de que Garabedián había fallecido por asfixia con un lazo. Este trabajo derrumbó el informe de la autopsia inicial sobre un ficticio deceso por inanición y deshidratación, y apuró los pasos para la exhumación.

El 3 de junio pasado, en la capital catamarqueña se realizó una enorme concentración popular en ocasión del "Ni una menos". El rostro de Liliana Garabedián apareció en cientos de carteles. Y Lola, su madre, viajó especialmente para dar testimonio de su lucha por memoria, verdad y justicia. Allí, se abrazó con Ada Morales, madre de María Soledad, otra víctima de femicidio que intentó ocultarse bajo un manto de impunidad.

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