La decisión en el Frente de Todos fue dejarlo a Alberto Fernández como responsable principal. En lo que surgieron rápidas coincidencias es en "anabolizar" la demanda, con más plata en los bolsillos.

Después de lo que puede ser rotulado como una paliza electoral para el gobierno el domingo pasado, inmediatamente empezamos a ver las reacciones dentro del oficialismo. En términos políticos estaba claro que el que tomaría la palabra luego del resultado electoral solo sería el Presidente. Hubo una decisión, incluso de los otros miembros de la coalición (incluyendo a Cristina y al grupo Patria) de dejarlo a Alberto como responsable principal (no único) por su caracter de Presidente y por haber sido el que propuso las cabezas de lista en la Ciudad y la provincia y por el "Olivosgate", que explícitamente se dice desde el Instituto Patria que fue lo que terminó de hundir las posibilidades de tener un buen desempeño en estas elecciones. Este reproche es atribuido a la autoría de la propia vicepresidenta.

En ese contexto está la reacción del Presidente del propio lunes, que la hizo trascender por Santoro y que fue tomando más cuerpo en las declaraciones de otros miembros del gobierno, de anunciar medidas económicas para ponerle plata al bolsillo de la gente. En esto sí están todos de acuerdo, que de acá a noviembre hay que anabolizar la demanda, darle pichicata. Después vienen las discusiones entre las distintas mesas chicas (y hay varias) sobre cómo implementar las medidas. La discusión comienza con cuánta plata se pone en el bolsillo de la gente. Ahí el ministro Guzmán dice que si es por única vez, puede ser, pero que si es algo que compromete las cuentas a futuro no, porque en esta manta corta en la que estamos jugando, no vaya a ser que pongamos plata en el bolsillo por un lado y la saquemos por el otro a través de las presión sobre el blue y sobre los precios que mas o menos vienen en una ruta descendente hasta ahora. Entonces, no está claro eso.

Después están las discusiones, que se darán más por noviembre, sobre si hay que buscar un modo más "market friendly" o si hay que buscar uno más ortodoxo a los años felices que suelen rememorar los kirchneristas. Esto en lo que hace a la primera reacción que es como una perdigonada de trabuco naranjero para tirar al bulto para ver que es lo que puede dar en el blanco y contribuir desde lo económico para cambiar un poco el humor social.

Después en las mesas chicas del oficialismo la pregunta clásica es "¿...y ahora?". Ahí hay tres ejes fundamentales, uno es que proponerse revertir el resultado a nivel nacional es casi imposible porque las distancias de Córdoba, Entre Ríos, del interior de la provincia de Buenos Aires y otros distritos, no se van a poder modificar. Entonces prefieren focalizar en el Conurbano porque la diferencia de 5 puntos y medio no es irreversible, teniendo en cuenta que el 68% de participación es muy bajo y que además quedan 800 mil votos que no pasaron el umbral del 1,5% y hay que ver donde se pueden ir y eventualmente buscar atraerlos. Lo segundo tiene que ver con lo que algunos asesores y cientistas políticos cercanos al gobierno dicen: Juntos no necesariamente va a hacer en noviembre la suma de lo que sacó en las primarias. Esta afirmación la demuestran con papers, tanto de la Argentina como de otros lugares, que explican que aquellos candidatos que cometían no necesariamente sumaron todo lo que se sumó en esta noche del domingo. Para decirlo coloquialmente, hay un sector del oficialismo que cree que hay que puntualizar en los radicales que votaron a Manes y que probablemente tendrían más resistencia a votar a Santilli. Esos votos a cualquier lado que vayan, que puede no ser necesariamente al oficialismo, le restarían a Juntos. La clave sería entonces cómo restarle a Juntos y cómo subir en distritos en los que piensan que es posible subir la participación y el voto propio tales como La Matanza, donde piensan que no es posible que se haya ganado solo por el 8/9 por ciento. Creen que hay tela para cortar en la Matanza y la Tercera Sección Electoral. Y yendo a la Primera, fundamentalmente en Tigre, residencia de Zamora y Massa, también se perdió y hay que buscar de forma más quirúrgica esos votos. El objetivo del oficialismo es lograr una foto en noviembre donde en Provincia aunque sea por un punto o dos se gane y en lugar de perder seis senadores se pierdan cuatro, lo que sería un escenario un poquito más amable de lo que ha mostrado este domingo, que fue un auténtico cachetazo.

Por: Gustavo Marangoni. Analista político

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