Fue excepcional lo que sucedió en el Congreso el viernes. Los presupuestos nunca son rechazados. Los oficialismos no convocan a sesiones que puedan perder.

Los memoriosos la recuerdan como una de las votaciones históricas del Congreso de la Nación. Fue en la sesión iniciada el miércoles 14 de marzo de 1984: el gobierno de Raúl Alfonsín llevaba apenas tres meses y se definía en el Senado -un ámbito que donde ni siquiera entonces el no peronismo alcanzó a ser mayoría- la suerte del proyecto de reordenamiento sindical, conocido como la Ley Mucci. Ya en la madrugada del jueves 15, el gobierno de Alfonsín perdió esa votación por dos votos (24 a 22), y todos recuerdan al neuquino Elías Sapag como el factor clave de la derrota radical, pues si votaba a favor había empate y definía Víctor Martínez.

Más cerca en el tiempo y ya con videos a color que nos refrescan la memoria, en la madrugada del 17 de julio de 2008 al entonces vicepresidente Julio Cobos le tocó desempatar el 36 a 36 que había dado la votación sobre la resolución 125. Quedó en la historia su voto "no positivo", como así también la sonora derrota del gobierno de Cristina Kirchner en el Congreso.

¿A qué vienen estos ejemplos? A que es absolutamente excepcional que un oficialismo pierda una votación para una sesión que ha convocado. Menos aún el primer paso, la media sanción. Los oficialismos solo convocan sesiones en las que tienen asegurado el quórum -porque históricamente es su obligación conseguirlo- y garantizados los votos para aprobar la ley que desean. Eso no implica que no puedan sufrir derrotas legislativas, cosa que suele suceder cuando no son mayoría. Le pasó varias veces al gobierno anterior, el primero en minoría en ambas cámaras en cien años. Pero solo con sesiones que convocaba la oposición, y en esos casos lo resolvía negociando, haciendo caer la sesión retaceando el quórum, o si la derrota se consumaba, vetando. Fue lo que hizo Mauricio Macri con la Ley Antidespidos y la que retrotraía el valor de las tarifas a noviembre de 2017. Y es lo que hacía también el kirchnerismo durante sus 12 años en el poder, cuando estaba en aprietos. ¿Cómo lo afrontó Miguel Pichetto al presidir el bloque oficialista del Senado en el período 2009-2011 cuando se quedó sin mayoría en esa Cámara? "Hice una tarea defensiva, de resistencia", detalló ante quien esto escribe para el libro "Gobernar en Minoría".

Para ese mismo texto -que deberían releer quienes hoy gobiernan siendo minoría- el entonces ministro del Interior Rogelio Frigerio explicaba que "en el Congreso es tan importante lograr el número para pasar tus leyes, como lograr el número para que no te metan leyes que te perjudican".

El Frente de Todos no debió convocar a la sesión del jueves sin la certeza de contar con los números que le permitieran aprobar la Ley de Leyes. Pero en la previa anticipaban una irrealidad que solo tenía sentido si terminaba siendo cierta. Como la de anticipar la agenda de la próxima semana. Todos estimaban la aprobación del proyecto en la madrugada del viernes y daban por descontado un rápido tratamiento la semana siguiente en el Senado, donde sería convertido en ley seguramente el 29 o 30 de diciembre. Sin embargo voceros oficiales hicieron correr la intención de emitir dictamen de comisión en este mismo lunes, para llevarlo al recinto al día siguiente.

Imposible según las normas que se cumplen a rajatabla en el Senado, donde se aguarda una semana entre la firma del dictamen y el tratamiento en el recinto. A menos que la oposición estuviera dispuesta a dar los dos tercios para habilitar tal cosa. Imposible.

Sí se especulaba la última semana con que una parte de Juntos por el Cambio se abstuviera de modo tal de que el oficialismo pudiese tener la ley por mayoría simple: no hace falta con esta ley mayorías especiales.

El bloque completo de la Coalición Cívica estaba dispuesto a tomar esa actitud y todos lo sabían. Pero cambió de postura el miércoles por la noche, cuando percibió que en las negociaciones algunos cambiaban esa abstención por favores en el texto del proyecto. El titular del bloque, Juan Manuel López, confesó al inicio del debate del jueves que esa abstención hubiera tenido "un propósito y una estrategia: tener una abstención de más de 132 votos, que es lo que podía sacar el voto negativo; votar algunos artículos en particular en contra y obligar al oficialismo a negociar, y llevarnos algo más que un título de esa votación". En su mea culpa público, dijo que eso no iba a ser posible "porque no lo pudimos coordinar". Confesó además de Juntos por el Cambio que "llegamos atropellándonos entre nosotros" y lo atribuyó a "una falta de coordinación que tiene que ver con una falta de institucionalidad que tiene la Argentina, que tienen los partidos políticos, y ni hablar de las alianzas de gobierno".

Fue el mismo Juan Manuel López el que cuando en el desenlace de la sesión las diferencias en JxC se habían hecho públicas -la reunión del último cuarto intermedio, en el Salón Delia Parodi, para resolver si aceptaban la vuelta a comisión del proyecto, fue muy dura, se nota la falta de una conducción homogénea-, salió a aclarar que "en Juntos por el Cambio hay unidad. Acá estamos todos juntos, con mucha responsabilidad".

La pregunta del millón es si hubo impericia, la intención de "quemar las naves" -esa frase fue deslizada en la noche previa a la sesión por un legislador opositor respecto de lo que percibía en el oficialismo-, o una deliberada actitud de Máximo Kirchner. Las tres alternativas son muy posibles.

Pero hubo algo que no puede pasar desapercibido. Durante la sesión se van elaborando y difundiendo listas de oradores que permiten establecer cuándo hablará cada uno y, sobre todo, cuándo puede concluir la sesión. En los mismos nunca figuró el jefe del bloque oficialista, sino curiosamente Victoria Tolosa Paz. Es habitual que Máximo Kirchner delegue cierres de debates en otros diputados, aunque nunca cuando se trata nada menos que del Presupuesto. Sin embargo, alrededor de las 7 de la mañana apareció otro listado con más nombres del oficialismo, como Federico Fagioli, Leopoldo Moreau, Marcela Passo y Marisa Uceda, reconfigurándose los cierres ya sin Cristian Ritondo, con Alejandro "Topo" Rodríguez del interbloque Federal, y en una curiosa apuesta al misterio para el cierre figuraba "FDT".

Para esos instantes se habían reanudado las negociaciones y existía la certeza de una postergación hasta la semana que viene, de ahí que se interpretara el agregado de oficialistas como la intención de alargar un poco el debate mientras discutían a puertas cerradas, pero llamó la atención que se hubieran elegido nombres que elevaran el tono de confrontación que hasta entonces mayormente no había tenido la sesión. Nada recomendable para cuando justamente están por votar.

El aire enrarecido aumentó cuando comenzaba a hablar el oficialista Itai Hagman: llegaron los jefes de JxC con la propuesta de devolver el proyecto a comisión y comenzaron a transmitirle las novedades al resto del interbloque en el recinto. Algo que daba pie a diversas posturas, con una gran cantidad de diputados que no estaban de acuerdo, y eso se armaron conciliábulos en pleno recinto, que despertaron la reacción de talibanes del oficialismo como Rodolfo Tailhade, que les gritó de mala manera que salieran del recinto para hacer sus reuniones. "Están tratando de consensuar una posición", le aclaró desde la presidencia el mendocino Omar De Marchi, de JxC. No era necesario decirle que hablaban de una oferta que les acababa de hacer el gobierno.

Fue el propio Alberto Fernández quien habló con los jefes de JxC para convencerlos de evitar que la sangre llegara al río. Y trabajosamente se llegó a esa decisión al cabo de una tensa reunión de la oposición, que quedó anulada cuando Máximo Kirchner -como diría Pichetto- incendió la pradera.

El mayor perjuicio de no tener presupuesto es el efecto que ello ocasiona en las negociaciones con el Fondo Monetario. Es lo que le reprocha el Presidente a la oposición, aunque quisiera transmitirle también su enojo, y no puede, al hijo de su vicepresidenta. Por el contrario, se mostró ayer a su lado en el acto del PJ bonaerense.

Al asumir la presidencia del partido, Máximo graficó a su invitado como un presidente acosado por los otros poderes, incluido el mediático. "Confiá, no nos dan miedo las peleas ni las tapas de los diarios. Vos decí lo que tenemos que hacer, para dónde ir y ahí nosotros vamos a acompaña r", le dijo.

Como no había ido allí para pasarle facturas, Alberto se las pasó a la oposición, recordando que "a Cristina la dejaron sin presupuesto en 2010 y a mí me dejaron sin Presupuesto en 2022. Pero miren: Cristina en 2010 siguió gobernando y yo en 2022 voy a seguir gobernando".

Una diferencia: en 2010 el Frente para la Victoria evitó ir a una sesión que perdería; no tuvo Presupuesto, pero tampoco derrota.

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