Cultor del perfil bajo, con un estilo de hacer política sin peleas ni ideas mesiánicas, "Marquitos", como lo llaman de manera afectuosa en su entorno, es hoy uno de los dirigentes que mayor protagonismo tendrá en los próximos años en el Gobierno de Cambiemos:
será el próximo secretario general de la Presidencia, aunque otros aventuran que será el jefe de Gabinete.
Moderado, amable y ferviente militante de la
nueva política, fue
el jefe de una larga campaña que terminó con Macri en el sillón de Rivadavia. Licenciado en Ciencias Políticas, meticuloso y obsesivo, su perfil de "Linkedin" dice que es vocal y miembro Fundador del PRO, plataforma que le permitió en 2003 convertirse, con sólo 26 años, en
el legislador más joven de la Ciudad. Cargo que ejerció en dos oportunidades.
Aquellos años de aprendizaje le permitieron, además, seguir trazando los lineamientos generales del "partido amarillo", este espacio que llegó para renovar la política, incorporando figuras de diversos espacios (UCR, Peronismo, Democracia Cristiana) con la premisa de llevar la eficacia de la "gestión" a lo "estatal".
"Marcos, para mí, es quien mejor lee y entiende cómo cambiaron las ideas, puntos de vista y demandas de la gente. Por eso, va ser uno de los grandes responsables de poner a la política argentina al día, llevarla al siglo XXI, y así también lograr que el país de una vez por todas alcance su potencial", afirma
Iván Petrella, legislador y director académico de Fundación Pensar.
Cuenta, también, que
supo ser su profesor de tenis: "Hace muchos años yo le daba clases de tenis a Marcos; no puedo tomar ningún crédito por su éxito en la política, pero cuando no hace doble falta, todo el crédito es mío." Petrella es uno de los emergentes del "nuevo sujeto político" que promueve el PRO, un filósofo que se animó a dar el salto y meterse de lleno en política.
En 2007 le llegaría a Peña su gran oportunidad: asumir como Secretario General del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, un organismo fundamental en el devenir político de la gestión y de mayor cercanía con el Jefe de Gobierno. Allí, supo profundizar y construir una relación de confianza mutua con Mauricio, que lo terminó de posicionar como
la "mente brillante" del partido.
"Si tuviera que definir esa relación, yo te diría que
Mauricio es más peñista, que Marcos macrista...", confiesa un miembro de los equipos que solían frecuentar y recibir distintas indicaciones durante la frenética campaña electoral. "Hay que reconocerle que creyó en Mauricio desde el primer día", agrega el joven que forma parte del entorno del partido.
"Ciudad Verde", "Agenda Cultural", "Buenos Aires 2020", "En todo estás vos..." son algunos de los programas que diseñó y llevó adelante con su equipo, y que hoy día son marcas registradas de la Ciudad. Participación, diálogo, gobierno abierto. Toda una serie de políticas públicas orientadas en la misma sintonía;
humanizar la política.
En
su primer discurso como presidente electo,
Macri se acordó de él antes que de cualquier otro miembro del equipo: "Quiero agradecerle a una persona que ha sido un bastión para este logro: mi jefe de campaña, Marcos Peña".
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En el balotaje de la Ciudad 2011, junto al equipo de Macri: Ritondo, Vidal y Larreta Peña es un "PRO puro", el ala "dura" que puede promover con el mismo énfasis y entusiasmo que la gente "participe en política" como un acuerdo electoral con la Coalición Cívica de Elisa Carrió y la UCR nacional de Ernesto Sanz. Estrategia que hoy es aplaudida por todos, pero que en los días previos a la primera vuelta electoral, cuando las encuestas aseguraban un triunfo de Scioli por 10 puntos, lo puso en el ojo de la tormenta, cuando se instaló el temor de que
la "intransigencia" de no haber acordado con Sergio Massa podía culminar con la derrota del macrismo a nivel país.Semanas atrás,
en un jugoso mano a mano con DIARIO POPULAR, defendió aquella postura.
Acá también pudo haber "fuego amigo". La estrategia del macrismo
disidente por aquellos días calientes de mediados de octubre, si esta profecía "incumplida" se concretaba en las elecciones, iba a ser el de cuestionar el modelo de la "nueva política", basado en la participación ciudadana y la convocatoria de fiscales voluntarios a través de las redes sociales, en lugar de haberse apoyado en las tradicionales y viciadas estructuras de la política bonaerense que asegurara el "control" y un triunfo "cantado".
La realidad volvió a jugarle a favor:
la intuición de Peña no falló. María Eugenia Vidal, otra de las grandes referentes de esta renovación, dio el batacazo electoral, desplazando de la Provincia de Buenos Aires, después de dos décadas, al mismísimo peronismo. Si bien se vivió como un triunfo colectivo,
para Marcos representó una alegría más profunda e incluso personal. La arriesgada decisión de mantener "impoluto" el espacio terminaría dándole la razón.
El resultado de este histórico domingo vuelve a poner a Peña ante uno de los desafíos más grandes de su vida; cuando terminen los festejos, se apaguen las luces y baje la música de Tan Biónica, deberá sentarse junto a Macri, el Presidente que él imaginó desde hace una década, a delinear los ejes del país que viene. Sólo el reloj de la Historia dirá si el bendito tiempo estuvo, una vez más, de su lado.
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